Cambio

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA | O |

15 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

POCAS veces una jornada de reflexión habrá sido tan intensa y decisiva como la del sábado. Pocas veces los ciudadanos se habrán sentido empujados por una necesidad de participar tan acusada y, al cabo, tan acreditada en las urnas. Pocas veces una incertidumbre tan abierta habrá campeado sobre unos resultados electorales, hasta el punto de desbordar y volver obsoletas algunas encuestas hechas el día anterior (como la que ofreció Telecinco de Demoscopia tras cerrar los colegios). Pocas veces la necesidad de vislumbrar un cambio habrá alcanzado tal velocidad de vértigo. Esta vez se ha cumplido la máxima de Schopenhauer de que el cambio es la única cosa inmutable. De un modo u otro, el cambio se abre paso cuando se cierran las puertas de la certidumbre, cuando se desconfía de las respuestas que se reciben, cuando uno mira dentro de sí mismo y descubre el impulso claro de expresarse públicamente. Si este estado de ánimo coincide con la oportunidad que representan unas elecciones, el resultado suele ser el cambio. Esto ocurre cuando la mayoría se convierte en aquel H. G. Wells que nos preguntaba: «¿Por qué se ha de temer a los cambios si toda la vida es un cambio?». Por esta vía es más fácil entender lo del domingo.