Solidaridad europea

| JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL |

OPINIÓN

12 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS ATENTADOS del 11 de marzo han sacudido la conciencia de Europa. Las inmediatas muestras de apoyo, los ofrecimientos instantáneos de cooperación policial, las declaraciones sentidas de condena y duelo, las manifestaciones ciudadanas, los lutos oficiales por toda la Unión, todas estas reacciones han desbordado cualquier previsión. Los ataques a los madrileños se sentían como si estuvieran dirigidos a todos los ciudadanos europeos. En especial, han destacado los buenos reflejos de algunos líderes europeos (Romano Prodi, Jean-Pierre Raffarin) que han venido a la gran manifestación de Madrid, así como la capacidad de respuesta del Parlamento Europeo, que a las pocas horas de los ataques pedía convertir el 11 de marzo en el día europeo del apoyo y el recuerdo a las Víctimas del Terrorismo. La palabra solidaridad , tan manipulada en los discursos políticos y tan debilitada en las actuales negociaciones comunitarias sobre votos y sobre fondos, recupera de este modo su sentido en la Unión. Por fortuna, la aún imperfecta democracia supranacional de Bruselas tiene algunas señas de identidad claras: el respeto a los Derechos Fundamentales, empezando por el derecho a la vida y el imperio de la ley. España es más fuerte en su lucha contra el terrorismo gracias a su pertenencia la Unión. El éxito de esta contienda depende en buena medida de la cooperación europea e internacional. Desde el 11-S las instituciones comunitarias tienen entre sus prioridades afrontar los problemas compartidos y globales de seguridad y justicia, aunque la guerra de Irak ha dividido dolorosamente a la Unión y le han restado fuelle. Hace falta todavía dar muchos pasos para contar con una policía europea y para establecer una cooperación judicial avanzada. La memoria del 11 de marzo es un argumento poderoso para empezar a entender con mentalidad federal europea la lucha antiterrorista. Esta debería ser asimismo una ocasión para recuperar el vínculo transatlántico entre la Unión Europea y los Estados Unidos, de donde también llega a los españoles una fuerte corriente de solidaridad. Por encima de diferencias y errores de unos y otros, compartimos valores básicos y amenazas idénticas. Juntos podemos hacer mucho más efectiva y también más noble la defensa de la democracia y la civilización frente a la barbarie.