COMO USTEDES, me siento roto. Fue suficiente una balbuceante noticia en la radio, próximas ya las ocho de la mañana, nacida con la llamada de un oyente consternado por haber oido tres explosiones, para que el día alumbrara una vez más la pesadilla. A ustedes, como a mí, no les resulta dificil sentir que los muertos y heridos también somos nosotros. Los violentos, indecentes, pretenden desconocer nuestros derechos, nuestras razones, nuestra vida. Saben que nos desgarran, que nos destruyen, que deshacen futuros, que destrozan vida. Saben que estos dias de pesadilla, repetidos, insistentes, nos cortan el aliento, nos agotan. Los violentos indecentes, terroristas, pretenden ampararse en razones, en derechos, en sus fines y para ello non dudan en matarnos, destruirnos, atentar contra la sociedad democrática que tanto esfuerzo, dolor y vidas nos está costando construir y mantener. Pero con el dolor, el desgarro, la rabia, ustedes como yo saben que ETA y todo el terrorismo pueden destrozarnos, pero no derrotarnos. Una joven mujer, dieciseis años, escribió recientemente que la vida son los sueños, no los planes. Quizá los terroristas puedan aplazar nuestros planes, pero no destruir nuestros sueños. Y ahí nos vemos. Juntos, solidarios. Con rabia y desgarro, pero con los sueños intactos.