EL ORIGEN gallego del candidato Rajoy se ha convertido en el principal, si no único, argumento electoral de los conservadores gallegos que, inquebrantablemente fieles a su concepción clientelar de la política, suben estos días a las tribunas mitinescas para proclamar las hipotéticas, aunque nunca concretadas, ventajas que obtendría Galicia en el caso de que Mariano Rajoy resultara elegido presidente del Gobierno. Pero toda esta estrategia electoral, que considera a los ciudadanos menores de edad, se viene abajo como un castillo de naipes si se considera un dato irrebatible: el gallego Rajoy ya ha ocupado ininterrumpidamente durante ocho años el cargo de ministro, incluida la vicepresidencia primera del Gobierno. Así pues, ni Rajoy es virgen ni es ajeno al ejecutivo que ahora termina su mandato. Por el contrario, representa la continuidad de ese Gobierno y no la alternativa al mismo. En tales circunstancias, tanto Rajoy como el PP comprenderán que no pueden pretender desligar las promesas electorales de los resultados de su pasada gestión. Y en esto reside otra de las grandes debilidades de la campaña electoral de los populares gallegos, pues un balance que, dejando aparcados prejuicios ideológicos, resulte de un análisis de la evolución de Galicia, situando a ésta en el entorno económico y social al que pertenece, no avalará precisamente el triunfalismo ramplón que exhiben los dirigentes del PP en Galicia. Según los datos del INE (Contabilidad Regional de España) el PIB gallego era en 1995 el 5,61% del español. En el 2002 sólo representaba el 5,31%. Es decir, en los últimos siete años, con gobiernos del Partido Popular de los que siempre formó parte Rajoy, se ha producido un indiscutible deterioro de la posición relativa de la economía gallega. Del mismo modo, en 1995, según las mismas fuentes oficiales, el empleo existente en Galicia era el 7,3% del empleo español, mientras en el 2002 apenas alcanzaba el 6,4% del total nacional. Por lo que respecta a los servicios sociales, ocupamos los últimos lugares de España, siendo ésta, junto a las altas tasas de desempleo y precariedad -un 13% y un 34% respectivamente-, una de las causas que inciden en la catástrofe demográfica de Galicia, cuya población representaba el 6,91% de la española en el 95 y sólo el 6,55% en el 2002. Los datos son elocuentes y las conclusiones inevitables: Galicia crece menos que la media española y, desde luego, muy por debajo de las comunidades autónomas más avanzadas. Dicho en otras palabras, durante los ocho años de los gobiernos en los que participó Mariano Rajoy, Galicia se ha alejado de la convergencia real con España. Esta es la verdadera tarjeta de presentación del gallego Rajoy. Todo lo demás, retórica electoralista para incautos.