AL DÍA
29 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EN TÁNGER estaba el rey de Marruecos, pensándoselo. Se sucedían las horas, pasaban los días, y no se decidía a desembarcar en Alhucemas. La mucha y espectacular ayuda internacional, llegada desde todos los vértices de la rosa de los vientos, no fluía hacia los puntos del Rif donde los supervivientes de los temblores de tierra, aguantaban a la intemperie, bajo la lluvia: muchos, heridos. El Rif se inquietaba a medida que pasaban las horas, el malestar crecía, se repetían los incidentes, la tropa dispersaba con las culatas de los fusiles a los manifestantes, algunos transportes eran asaltados y a 300 kilómetros de allí, en Tánger, Mohamed VI dirigía -más cerca que desde Marrakech- las lentas tareas de distribución, a los miles de damnificados, de las ayudas internacionales. Pero el Emir Almuminin aplazaba un a vez y otra su desembarco en Alhucemas. La tierra, cierto es, no dejaba de temblar, ni los rifeños de protestar. El oficialmente inexistente problema del Rif, de los preteridos bereberes de Marruecos -del otro Marruecos-, saltaba de nuevo a la palestra, sacudido de su letargo aparente por la crisis sísmica que mantiene en vilo la región, con sus largas serie de réplicas. Terremotos y volcanes crean a veces paisajes nuevos, en otras ocasiones los animan. Es lo sucedido en el Rif. La tectónica de placas se tragaba la tensión diplomática generada por la torpe ocurrencia del ministro español de Defensa; pero esa misma fuerza telúrica regurgitaba el pleito de los bereberes marroquíes, que, como los de Argelia, reclaman su propio sitio. No son árabes ni tampoco es el árabe su lengua. Sólo el Islam les une a las castas instaladas en el mando de los dos Estados mogrebíes. Para Rabat, el Sahara es el problema elegido; el Rif, el gran asunto heredado. Merece la pena prestar atención. Las placas continentales hacen geografía y también historia. El Rif es lugar de leones dormidos que ahora despiertan.