Hechos positivos; palabras deleznables

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

¿QUÉ LES PASA a algunos dirigentes del Partido Popular? Están como si fueran a perder las elecciones: un ministro que se convierte en la máxima expresión del belicismo; una ministra que no distingue entre un partido político y una banda de asesinos; un presidente de comunidad que acusa a otro, a Pasqual Maragall, de beber diariamente hectolitros de vino¿ Es como si de golpe se hubieran puesto de los nervios; como si vieran peligrar sus puestos; como si el cansancio les hubiera afectado a las neuronas. Algunos de los mensajes escuchados en las últimas horas presentan, como dice la oposición, la peor imagen de la derecha española que creíamos superada: la intransigente, la agresiva, la incapaz de separar los defectos y virtudes personales de la contienda política. Parece increíble que desde el poder se puedan estimular los más bajos instintos políticos, pero así es. Esa derecha montaraz e incontinente espanta a los votantes medianamente civilizados. Es, por tanto, el peor enemigo de un Rajoy que estudia cada gesto, modula cada palabra y procura mantener el equilibrio sin caer en las provocaciones del ambiente. Si esos testimonios -aunque haya sido retirados, aunque hayan sido «lapsus» involuntarios- fueran el tono general de la campaña, no tengáis ninguna duda: el PP perdería las elecciones. La sociedad española no es así. La sociedad no está para ese tipo de agresiones. Ya dijo «no» cuando ése era el estilo de la parte más agreste del Partido Socialista. Pero al partido gobernante lo salvan los resultados de gestión. Ayer se publicaba cómo las cuentas del Estado han cerrado el ejercicio de 2003 con un importante superávit; «histórico», dice Cristóbal Montoro. Hoy se puede leer cómo Aznar llevará al Consejo de Ministros de pasado mañana otra aportación de 3.000 millones de euros al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, lo cual le permite decir a los viejecitos: «Gracias a mí, cobraréis dos meses más de pensión». Y todo eso da credibilidad a un programa que habla de crecimiento y de nuevas rebajas en los impuestos. Al PP, por tanto, lo salvan los datos. Son el antídoto ante unas formas perniciosas para la convivencia y para el debate político. Son lo que le permiten presentarse ante el 14 de marzo como garantía de crecimiento frente a una izquierda que lo tiene todo por demostrar. Alguien dirá: sí, pero los datos económicos sólo demuestran que son buenos administradores, no necesariamente buenos hombres de Estado. Es verdad. Pero me temo que, cuando llegan elecciones, el personal premia al buen contable y castiga con la indiferencia al estadista. No ver eso es el fallo de quienes nos piden que votemos con el corazón.