Cataluña y Cervantes

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

EL MAESTRO Cervantes se refiere a Cataluña, y en especial a Barcelona, en varias de sus obras. El momento fundamental de El Quijote en el que el gran héroe español es vencido lo sitúa en la playa de Barcelona. Pero don Quijote ni aun en peligro cierto de muerte reniega de sus valores metafísicos de Amor, Justicia, Fraternidad y Libertad. También en ese escenario termina la hermosa lección de amor a España del exiliado Ricote en la que critica la política nacionalista de Felipe III al expulsar a los moriscos. Cuando se admira Sancho de ciertos árboles llenos de pies y piernas, don Quijote le explica con su lógica meridiana: «Sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados, que por aquí los suele ahorcar la justicia, cuando los coge de veinte en veinte y de treinta en treinta, por donde doy a entender, que debo estar cerca de Barcelona y así era la verdad». Por lo que se ve la principal diferencia entre los tiempos de Cervantes y los actuales no está en el número, siempre abundante, sino en que ahora los bandoleros están dentro de la ciudad y disfrutan de la impunidad de lo políticamente correcto. Pero hay otra Barcelona, glosada por Cervantes apenas dos años antes, que es la que queremos todos los españoles de bien aunque no sabemos si ha existido nunca más allá de nuestras ganas: «Admiroles el hermoso sitio de la ciudad, y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, ¿regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de la Caballería, ejemplo de lealtad, y satisfacción de todo aquello que de una grande, famosa, rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso deseo». Para combatir la memez nacionalista actual debería leerse El Quijote también en Barcelona. Se formarían los ciudadanos que Cataluña y España necesitan.