SI HAN JUGADO en su infancia al pasimisí, serán conocedores de que su respuesta, sólo su respuesta, era la que les situaba en una u otra banda del juego. Y salvo que algún chivato, con señas convenidas, les indicase la respuesta correcta para acertar con el bando al que usted, con carácter previo, deseaba pertenecer, era el estricto azar de su respuesta quien lo situaba en aquel mundo antagónico del juego. Una respuesta ciega a una pregunta neutra (¿chorizo o jamón?, ¿a quién quieres más, a tu padre o a tu madre?, ¿rojo o azul?), era suficiente para situarnos en uno u otro bando, en un antagonismo, normalmente, temporal. Inmersos en una precampaña iniciada en septiembre con el nombramiento del sucesor, y que se prolonga con las elecciones catalanas, asistimos a la demonización (rota-roja) del tripartito, la deslealtad, el irresponsable engreimiento y la estulticia del señor Carod-Rovira. Nos someten a la maniobra de ETA, amparada por el citado señor, el anuncio bomba de los terroristas -que humilla a los democratas-, y a su validación irresponsable por parte de los dirigentes populares, cual poción mágica de Asterix para derrotar a los romanos. Y con todo ello, parece que desean obligarnos a jugar un doloroso pasimisí-pasimisá. Quizá ustedes, como yo, lo veían venir. Alcanzada la mayoría absoluta se desencadenó una nueva y al parecer más eficaz etapa en la lucha antiterrorista, y un peligroso discurso, maniqueo y excluyente, alrededor de un muy particular concepto de la unidad y el amor a España. A ese discurso contribuyeron, por acción u omisión, algunos de los que, por ideología, concepción de la sociedad y el aprendizaje de sufrir la historia, debían de estar sobre aviso ante cualquier renacer de las Españas excluyentes. No extraña por tanto que, crecidos por la poción mágica de la carta-bomba, quienes impulsaron ese discurso pretendan deslegitimar un gobierno democrático como el que gobierna Cataluña, y tras él al partido que apoya sin fisuras el pacto antiterrorista y la democracia. No por buenos ni por malos, sino porque quiebran su discurso maniqueo y permiten comprender que, al igual que en el pasimisí-pasimisá, el bando es circunstancial, y la vida un juego de solidaridad, lealtades y respeto. Piensen en ustedes, en nosotros. No pregunten, voten.