ENTRE las reconocidas habilidades del ourensano José Luis Baltar desconocía la de taurófilo, la de ser capaz de decir con autoridad que «no hay quinto malo», dicho que en el planeta de los toros tiene predicamento. Me temo que no en la política, después de que José María Aznar, que en tantas cosas ha dado mal ejemplo, lo diera bueno en esto de marcharse con sólo dos mandatos a la espalda. Aconsejarle cinco legislaturas al presidente de la Xunta no parece oportuno. La adulación no es buena consejera. El halagador, en general, no es un admirador desinteresado, sino que suele cambiar lisonjas por favores recibidos o por recibir. Este que adula a Fraga elogiando su capacidad para repetir como cabeza de cartel en el 2005, fue el mismo que lo puso en un brete cuando cesó a Xosé Cuíña, hace unos meses. Xaime Pita y Cacharro Pardo son los otros dos aduladores que aconsejan al de Vilalba que no se apee del machito. Manuel Fraga viene recibiendo estas zalamerías sin disimulada satisfacción, engordando la lista de los aduladores que, asegura, le recomiendan continuar. Que sería lo contrario de lo que le aconsejó el sentido común en varias ocasiones, tantas como aseguró que no repetiría. Malo si, finalmente, se mueven en territorio coincidente la adulación de los otros y la vanidad propia, para dar como resultado que Manuel Fraga se desdiga y siga en la política. Una actividad en la que no se debe uno embarcar -y cada elección es una nueva singladura, por mucho tiempo que se lleve en el negocio-. Si la vanidad de Fraga y la adulación de algunos de sus adlátares llevan al presidente a presentarse, será el fracaso de un hombre con una trayectoria política criticada, pero muy importante. Si se presentara por responsabilidad, porque no hay otro candidato mejor, resultaría peor, porque sería el fracaso de una institución, del primer partido de Galicia y de España.