El apoyo de Carod

OPINIÓN

19 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

¿QUEDA alguien a estas alturas con la fe suficiente para creer que el ínclito Carod-Rovira desea ver a Rodríguez Zapatero en el Palacio de La Moncloa? Ha afirmado que el líder socialista podría contar con el voto de los diputados de ERC para lograr la investidura. Pero esta afirmación, a la vista de otros comportamientos (aún no ha revelado el contenido de su conversación con ETA), ¿es realmente una manifestación de apoyo? ¿O, por el contrario, es la advertencia de que, sólo si los resultados del PSOE son muy buenos, ERC no podrá hacer otra cosa que visibilizar su apoyo? En tanto esta circunstancia no llega, la estrategia de Carod Rovira parece más bien la de resistir sobre el tejado de zinc caliente, a la espera de que una radicalización general le depare todavía más apoyo electoral. ¿Es posible esto? No lo parece, pero tampoco lo parecía antes de las pasadas elecciones catalanas. De lo que no hay duda es de que la mano que le está echando a Zapatero es al cuello, con lo cual, ¡vivir para ver!, está favoreciendo al PP. Y, perdóneseme el mal pensar, pero ya no me creo que esto ocurra inocentemente, sin desearlo, sin verle las ventajas en el ámbito catalán, sin... Lo que ustedes quieran, porque por esas pendientes se puede uno apuntar a cualquier sospecha. ¿Que la culpa la tiene ETA? Nada más coherente. No tiene otro papel ni otro objetivo que el de ser culpable de la desestabilización de la campaña electoral. ¿Qué podría buscar, si no? Reprocharle a ETA sus propósitos, a la vista de su trayectoria, no sería propio de políticos serios. Se puede descalificar la pretenciosa inocencia de Carod-Rovira. Se puede crucificar a Maragall por defender el tripartito. Se puede culpar a Zapatero de dañar el pacto antiterrorista y se puede acusar al PP de estar sacando tajada del lío. Todo menos culpar a ETA de enviar lo que el presidente de la Generalitat llamó un mensaje-bomba . ¿Qué otra cosa cabía esperar de ETA? La cuestión ahora es que nuestros políticos estén a la altura de las circunstancias y no caigan en las tentaciones a corto plazo que propicia la situación. Y, por favor, que Carod no le ayude más a Zapatero. Ni a Cataluña. Ni a Maragall. Ni siquiera a ERC.