La UE de las pymes

JOSÉ JAVALOYES

OPINIÓN

EN BERLÍN arranca hoy una cumbre a tres (Alemania, Francia y Reino Unido) que tiene un tema sobrevenido en su agenda: la Carta de los Seis (España, Portugal, Italia, Holanda, Polonia y Estonia) dirigida al presidente de turno en la UE, el primer ministro de Irlanda, Bertie Ahern, pidiendo que el Pacto de Estabilidad se cumpla de «forma consistente y no discriminatoria». Se consolida de esta forma el instrumento epistolar como recurso diplomático de primera magnitud, a medias entre el manifiesto y la operación sindicada. Con la Carta de los Ocho se partió políticamente en dos la UE anterior a la guerra de Irak; con esta de los Seis, se establece una divisoria entre los Estados que cumplen los pactos y los que pueden eludir los compromisos, apoyados en su peso y escudados en su tamaño. La Carta de los Seis -entre los que se incluye el sancionado Portugal- vale tanto como un manifiesto de las pymes europeas, las naciones pequeñas y medias que no están dispuestas al incoado sistema de las dos varas de medir. La igualdad de derechos y de obligaciones entre los Estados miembros de la Unión es algo que debe prevalecer sobre las diferencias incontestables de capacidad política, por razón de magnitud. Resulta ello tan obvio como que mientras no se restaure la igualdad, a estos y cualquiera otros efectos, carece de sentido hablar de una Europa de dos velocidades, tal como se hacía desde el eje franco-alemán, y ahora puede hacerse con el ampliado Directorio, tras la incorporación del zascandil británico, del que no se sabe ya de quién es recadero o comisionista. Las pequeñas naciones y las potencias medianas toman su propia velocidad para tomar un camino de controles y resistencias a los grandes. Cierta UE a dos voces o tres no parece posible, por muy insistente que sea el sueño francés de hacerle la política exterior. El riesgo de los choques de los grandes con chicos y medianos es dejar reducida Europa a sólo un espacio de libre comercio.