El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
SIEMPRE que hay elecciones tenemos esperanza en la nueva generación de dirigentes que, mediante las urnas, se incorporen a la vida pública. No importa tanto el partido como la calidad de la persona, su currículum, las experiencias y méritos que llevan al servicio público. En el colmo de la utopía, siguiendo a los clásicos, nos gustaría que la política fuera capaz de atraer a los mejores. Además, en el momento que vivimos, coincidiendo con la marcha de algunos personajes de la transición, que surgiera nueva savia de gentes preparadas capaces de hacer excelente al sistema democrático, con proyectos ilusionantes y conductas emocionantes. En algunos lugares resulta urgente; precisamente por lo que acontece. En el País Vasco, puesta contra las cuerdas la organización terrorista, debería ser el momento de encontrar un denominador común para convivir. De aquel pacto de Ajuria Enea no queda casi nada y casi nadie. Tengo delante una foto en la que estamos: Bandrés, Oliveri, Arzalluz, Ardanza, Jauregui, M. Oreja y Mosquera. Sentados en la misma mesa, en torno al comunicado conjunto, que leía el lendakari Ardanza. Tengo noticias que aseguran la candidatura de Mayor Oreja a la presidencia del Congreso de los Diputados, tras las elecciones. Ya no habrá nadie de aquellos que constituíamos el acuerdo en cada reunión, y siempre afirmando que el Estatuto de Guernica era el punto de encuentro entre nacionalistas y no nacionalistas. Mientras, en Álava las instituciones forales y municipales están con gobiernos minoritarios del PP que apenas pueden hacer nada. Quizá tras las elecciones generales haya los acuerdos que hoy no existen y los ciudadanos precisan. Pero la calidad de la democracia, ante la ciudadanía, vendrá dada por la calidad de las personas que dinamizan la vida de sus instituciones; y ahí es donde el sistema se la juega en credibilidad ante los habitantes de este país. Hoy es tiempo de promesas, desde el monólogo publicitario; o de las descalificaciones a la hora del telediario de la máxima audiencia. Mañana será el momento de la verdad, de convertir el poder en hacer. Serán los nuevos diputados y senadores los primeros del tercer milenio. Tendrán que definir, de una vez por todas, el espacio social de la ciudadanía, y responder a las demandas de más autonomía para las comunidades, que hoy ya no consienten desigualdades por derechos históricos.