La campaña de Europa

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

15 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

NO LE FALTA razón a ZP (Zapatero presidente) cuando dice que cada promesa que hace Rajoy es como el reconocimiento de un fracaso de Aznar. Ahora se acuerdan, por ejemplo, de que en España hay pocos policías, y de que las mafias del crimen empiezan a hacerle rasguños al Estado. También lamentan que más de seis mil personas pierden la vida, cada año, en accidentes de tráfico, y no dudan en darle la razón a los que advertían de que no hay Plan Hidrológico que valga si no se restauran las cuencas de los ríos y se detiene la desertización. Frente a los esfuerzos gastados por Pilar del Castillo en controlar el profesorado universitario desde Madrid, manteniéndolo todo como estaba, pero dándole el mango a la gente del ministerio, Mariano Rajoy también ha caído en la cuenta de que los niños pequeños no estudian inglés, que en las escuelas e institutos no hay ordenadores, y que la calidad de la enseñanza no puede lograrse a base de montones de papeles que inciden siempre sobre el mismo presupuesto. Y por eso tengo la impresión de que ha llegado el momento de las rectificaciones, y que, frente a los grandes proyectos imperiales de Aznar, se impone de nuevo la gestión de lo cotidiano. Lo curioso es que esas rectificaciones no desgastan al PP ni un milímetro, y que, lejos de servir para fortalecer a Zapatero, están sirviendo para asentar la imagen de serio y profesional con la que Mariano Rajoy se exhibe en sus mítines, como si la responsabilidad de los errores del PP trajese causa de una fuerza externa que no se contrasta en las urnas. Y es que los españoles somos cada vez más conscientes de que nuestra gran política ya no pasa directamente por las urnas, y que, mientras aquí discutimos si se puede poner la primera dovela del túnel de Pajares en época preelectoral, en Bruselas o Berlín se decide si va a haber dinero para terminar esa obra, o si las prioridades de Europa se van a trasladar a Bratislava. Por eso me extraña tanto que, atravesando un momento crucial para la Unión Europea, ninguno de los partidos contendientes en España haya hecho de la política europea su clave de campaña, y que, mientras todos discuten si el último tramo del IRPF va a suponer un 40 o un 45% de tributación, nadie nos diga si piensa aprobar el texto de la Constitución y potenciar el ejército y la política exterior europea, o si aspira a seguir, con 25 miembros, en la peligrosa política del pacto de última hora. Por eso van a ganar otra vez los que más se equivocaron. Porque cada vez estamos más lejos del debate real, y porque las campañas electorales son como simples variaciones sobre un tema que, entre pequeños matices, va por donde tiene que ir.