Un gran debate

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

EL LOGRO del equipo de científicos surcoreanos de clonar embriones humanos con fines médicos, ha abierto un debate que nos va a distraer la atención en las próximas semanas de otros asuntos de no menor relevancia. Sólo el anuncio público de tal creación ha servido ya para crear un hervidero de opiniones encontradas. Los investigadores han dejado claro que el descubrimiento puede aportar soluciones a enfermedades como la diabetes, el cáncer, el Alzheimer o el Parkinson. Pero, pese a ello, los movimientos de rechazo han comenzado a asomar de forma escandalosa, parapetados, una vez más, en la moralidad y la ética. Cuando aún se desconoce el alcance de los avances hay quien quiere ya darlos por clausurados. La historia no se inventa. Y la historia nos dice que sociedades que nos precedieron, apoyadas en convicciones conservadoras y religiosas, condenaron en su día a los más importantes científicos que la humanidad ha dado. Científicos que con sus descubrimientos posibilitaron el que hoy disfrutemos de las condiciones de las que disfrutamos. Einstein, Galileo, Copérnico y Darwin son sólo algunos de los que hubieron de padecer reprobación y persecución. Es cierto que el camino que abre el descubrimiento de los surcoreanos se presenta repleto de obstáculos. Porque de la misma forma que los avances pueden ser utilizados para combatir enfermedades, también pueden serlo para clonar seres humanos. Y eso es precisamente lo que hay que decidir. Las comunidades científicas, la clase política y la sociedad en general tiene que enfrentarse a un debate cabal, exacto y preciso. Pero un debate sin puritanismos. No podemos permitirnos repetir errores históricos que avergüencen a generaciones futuras. No podemos convertir en apestados a quienes han logrado dar uno de los mayores pasos de nuestra humanidad.