NO CREO que quede resto de las tradicionales dos Españas, a no ser que nos refiramos a la pobre y a la rica, a la que vive como si ya le aplicaran las innumerables reformas fiscales que prometen en precampaña y aquella que todavía no conoce los incontables servicios sociales que los mismos garantizan para la próxima legislatura. No hay dos Españas pero sí dos mundos diferentes, que conviven y en los que todos vivimos un poco a la vez, con nuestra esquizofrenia. Por ejemplo, los de José María Aznar y Mariano Rajoy, que a pesar de tantas similitudes parecen cada vez más el policía malo y el policía bueno de las películas mediocres. O los mundos de cualquier parado de Narón o Redondela y de esa joven periodista que, cobrando el paro, trabaja, dicen que a tiempo parcial, ¡en el mismísimo gabinete de prensa del ministro de Trabajo!, que ya es cachondeo. O los no menos diferenciados mundos de los partidos políticos a los que las cinco más importantes organizaciones ecologistas les han planteado un programa medioambiental mínimo sin que hicieran mucho caso por ahora, cuando la ecología es uno de los aspectos en que más ha evolucionado la sociedad española. Y para colmo, cuando no falta casi nadie por darse cuenta de cómo ha tensado José María Aznar la vida española en los últimos meses, van los de la Internacional Demócrata de Centro y le nombran presidente. En estos dos mundos, José Blanco, el singularísimo personaje gallego que ocupa la secretaría de Organización del PSOE, va y dice que si hubiera debates su partido podría ahorrarse el 50 por ciento del importe de la campaña electoral y donar esa cantidad a una ONG. Ojo que no le tomen la palabra, tenga que donar 5.250.000 euros a una ONG -¿y si estuviera controlada por la derecha?-, le exijan dar las gracias porque no fuera la mitad de los 10.500 millones de euros en que él, por error, valoró la campaña en su presentación... y que Zapatero sufra en el debate los pertinentes daños colaterales.