AUNQUE son muchos los que piensan que las investigaciones iniciadas sobre Bush y Blair hacen resplandecer las democracias americana e inglesa, yo no me dejo impresionar. Y por eso me niego a confundir una simple estratagema, que está destinada a sustituir un engaño por un error, con la corrección formal de unos sistemas demasiado habituados a buscar briznas de basura, casi imperceptibles, entre los montones de estiércol que produce su política internacional. Lo que hicieron Blair y Bush fue mentir con todo descaro, y amañar documentos, para justificar una guerra que sabían ilegítima. Y la razón por la que les pareció que podían mentir impunemente era que, seguros como estaban de su fulgurante victoria, siempre creyeron que el suculento botín iba a provocar la amnesia de sus conciudadanos, y que, al ver regresar los barcos rebosantes de petróleo, nadie les iba a reprochar los miles de muertos producidos en Bagdad. Pero la guerra salió muy mal. Y todo apunta a que, además del bochorno internacional por el que están pasando, ni los ingleses ni los americanos van a resarcirse de forma satisfactoria de los gastos y los muertos provocados por esta irresponsable y sanguinaria aventura. Por eso quieren convencernos ahora de que, en vez de mentir como bellacos y meter al mundo en un avispero incontrolable, lo único que hicieron fue picar como pardillos, y que, arrastrados por un irresistible afán de salvar al mundo y llenarlo de felicidad, se dejaron engañar por una CIA y un M16 que les contaron trolas como catedrales y los llevaron a una guerra que no querían hacer. Para eso están montando las investigaciones, y para eso se dejan arrastrar por los mismos modos democráticos que despreciaron olimpicamente cuando todavía creían que iban a hacer una guerra relámpago y dominar el mundo. Si yo estuviese en lugar de Blair o de Bush, también me haría invcestigar. También iría al parlamento a soltar lágrimas de cocodrilo y a contar el timo de la tesis doctoral fotocopiada. Pero como no soy ninguno de ellos -¡gracias a Dios!- no voy a dejar que me engañen otra vez, y que, lo que fue una agresión injusta y sanguinaria, mal planificada y peor ejecutada, se convierta ahora, por gracia del parlamento, en un simple episodio de errores y malos entendidos, que sólo les cueste tres puntos en el ídice de popularidad. Por culpa de dos miñas xoias , nadie va a salvar a Irak de una sangrienta guerra civil. Y, por los miles de muertos que llevan a sus espaldas, ni Bush, ni Blair ni Aznar deberían terminar sus días sin haber sido juzgados por crímenes de guerra. Porque no hubo ningún error en sus decisiones. Sólo hubo metiras para justificar una rapiña.