CARLOS G. REIGOSA | O |
09 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Dimitió el pasado viernes como presidente del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), pero Gerhard Schröder, de 59 años, sigue como canciller federal. Es decir, se ha ido para no tener que asistir a las deserciones que se le avecinaban. Se ha liberado de ataduras partidarias para poder moverse en el Gobierno y sacar adelante unas reformas que considera indispensables para el bien del país. Pero está chocando con una realidad tozuda: las medidas que preconiza y que conllevan recortes sociales sólo son verdaderamente entendidas por la derecha cristianodemócrata, que las considera simplemente insuficientes y desorientadas. Es difícil negar la habilidad camaleónica y la facultad maniobrera de Schröder, capaz de aliarse con la oportunidad nada más ésta se presenta. Por ello no debe desdeñarse la pericia de su acción al pretender repetir la troika formada en su día por Schmidt-Brandt-Wehner, que funcionó a la perfección y permitió satisfacer a clientelas amplias e incluso distintas. ¿Es posible lograrlo ahora? Ésta es la gran incógnita. Pero de lo que no había duda era de que Schröder debía intentarlo. Y lo va a intentar. Sus adversarios deberían recordar que no es la primera vez que se sale con la suya.