EL DENOSTADO Ramón de Campoamor sentenciaba hace un siglo que «todo es según el color del cristal con que se mira», aforismo filosófico que se considera vulgar. Don Ramón estaba en lo cierto y su sabiduría se remonta a dos mil quinientos años, cuando Jenófanes afirmaba que si los animales supieran pintar, el buey pintaría a sus dioses con rostro bovino, y los caballos con aspecto caballuno a los suyos. Con esta imagen el presocrático iba de pueblo en pueblo, de feria en feria, como los ciegos de la zanfoña, predicando la tolerancia. Y comprensivos hemos de ser con lo que nos parezca injusto o arbitrario. Por citar a una de las nuestras, «odia el delito y compadece al delincuente», y la nuestra es Concepción Arenal. En pocas palabras, que el bien o el mal no son ni vicios ni virtudes, sino que los llevamos dentro, en la sangre, o como se dice ahora, en los genes. Tan largo introito para comprender a los estadounidenses y disculparlos por lo que hacen y no se adapta a nuestra mentalidad. No es que seamos perfectos, sino que nuestros orígenes y educación difieren. En su último y reciente discurso sobre el estado de la nación, el señor Bush esgrimió un informe de la Comisión de Inspección en Irak para justificar la intervención de los aliados con Sadam Huseín. No es cierto, afirmó el mismísimo presidente de esta comisión, allí no había ninguna arma de destrucción masiva. En el mismo informe anual, el amo de la Casa Blanca describió un panorama optimista de la situación en Irak. Falso, le replican oficiales de la CIA que declinaron identificarse por la confidencialidad de la información, y cuyas afirmaciones revela el diario The Seattle Times : Irak está al borde de la guerra civil. Ignoran los agentes de la CIA, ignoran el jefe de los inspectores y el periódico de Seattle que, visto desde el ángulo de Bush, todo esto es verdad. El presidente de hoy es digno heredero de los pasados. Guarda en su cuerpo los virus que desde Inglaterra llevaron al continente americano los primeros colonos. Los indios los acogieron en su territorio, ya que para ellos no existía la noción de propiedad. Les enseñaron a pescar y a cazar, con lo cual los colonos sobrevivieron y se multiplicaron. Y éstos, con la mentira de «esta tierra es mía», diezmaron a los indios y los expulsaron de sus tierras, cada vez más hacia el oeste. Luego se les antojó México. Empezaron a negociar con España y con los propios mexicanos, sin resultados positivos. Hasta que en 1825 Joel Poinsett fue nombrado ministro plenipotenciario de Washington en México. Con sus apreciaciones, EE.?UU. anexionó Texas en 1845 y estableció la frontera entre ambos países en el río Bravo y no en el Nueces, porque así lo creían según su punto de vista y ganaban terreno. El mismo guión se repitió el 15 de febrero de 1898. El acorazados yanqui Maine , de 7.000 toneladas, fondeó ese día en La Habana con 380 tripulantes. Pese a la tensión que existía entre España y Estados Unidos, el buque fue bien recibido y su dotación invitada a diversos festejos, incluida una corrida de toros. A las diez menos cuarto de la noche se produjo una explosión misteriosa que causó la muerte de doscientos sesenta marinos yanquis. Cabe señalar que no había ni un solo oficial a bordo. Bajo el lema de Remember the Maine , Estados Unidos declaró la guerra a España, se apoderó de Cuba y de paso de Filipinas, que no está al lado. Saltando fechas y eventos, llegamos al terrible 11 de setiembre del 2001. Las primeras apreciaciones sobre el atentado a las torres gemelas se debieron a la emoción, magnificando el número de muertos hasta treinta o cuarenta mil. Días después, con más serenidad, la alcaldía de Nueva York montó la nómina de 6.888 víctimas. Lo que justificó la intervención bélica en Afganistán. Ahora, el 23 de enero, la misma alcaldía acaba de publicar la lista de muertes del Worl Trade Center: 2.749, una cifra que incluye a los ocupantes de las torres, a los pasajeros de los aviones y a las personas de los salvamentos. De modo que debemos creer en la buena fe de Bush; desde su punto de mira, históricamente, él lo ve así.