El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
EL PLAN del presidente norteamericano para enviar de nuevo seres humanos a la Luna e instalar allí una estación permanente como trampolín hacia Marte ha puesto de actualidad los viajes tripulados a la Luna. Aunque hay escépticos que no se lo creen, hubo dos americanos que pisaron la Luna por primera vez en el verano de 1969, a los que siguieron algunos más. Para llegar hasta allí se empleaban cohetes Saturno 5 como propulsores de las naves espaciales Apolo. Todo el mundo recuerda al Apolo 13, gracias a la película. Después de una explosión en el módulo de servicio, los astronautas pudieron regresar gracias al módulo lunar, por eso lo he elegido para este artículo. Situada en la cúspide del cohete Saturno 5, la nave Apolo estaba formada por el módulo de mando (habitáculo para tres astronautas), que tenía debajo el módulo de servicio (fuente de energía) y un adaptador en cuyo interior iba el módulo lunar, ya que carecía de estructura aerodinámica y había que protegerlo a su paso por la atmósfera. Camino de la Luna, el módulo lunar salía de su encierro, mientras el módulo de mando (unido al de servicio) daba la vuelta sobre sí mismo y se acoplaba al módulo lunar. Así los astronautas podían pasar del módulo de mando al lunar y viceversa. El módulo lunar era una especie de araña con grandes patas. Tenía un habitáculo para dos de los tres astronautas y un sistema autónomo de propulsión, que sirvió, como he dicho, para traer al Apolo 13. Si se quiere montar una estación espacial en la Luna, el futuro sistema ha de cambiar radicalmente para llevar a más personas y mayor cantidad de material. En las misiones Apolo, lo único que regresaba a Tierra era el módulo de mando. Ahora habría que construir vehículos reutilizables, como se ha hecho con los transbordadores espaciales (¿Qué es?, La Voz, 4-2-2003).