HACE CUATRO años Mariano Rajoy hizo tan buen trabajo como director de campaña de Aznar que agrandó su lista de méritos para ser el ganador de la dedocrática carrera por la sucesión. También levantó un listón, un muro, el de la mayoría absoluta, contra el que puede empotrarse el próximo 14 de marzo, por más que enfrente tenga a genios de las matemáticas como el socialista Caldera, quien acaba de proclamar todo convencido que Fraga «lleva 20 años en la vida política». La aritmética del 2000 fue más sencilla todavía, tanto que al periódico de Fidel Castro, el Gramma , no le quedó más remedio que titular que Aznar había logrado en las urnas un triunfo «inobjetable y sorprendente». Los números de aquel 12 de marzo asombran todavía hoy. La conjunción de los méritos del PP y los graves errores de un PSOE sin González provocaron que los populares sólo obtuvieran dos escaños menos que los socialistas en Andalucía, ganasen cuatro actas en Cataluña, otras tantas en Valencia y lograsen exprimir todavía más su bastión gallego. La debilidad en Andalucía y Cataluña, donde se juega cerca de un tercio del total de escaños, impedía, según los análisis académicos, que los populares alcanzasen los 176 diputados que cuesta la mayoría absoluta en España. Ahora ese debate está anticuado y la gran pregunta reside en si los 183 escaños del 2000 fueron un accidente. Aunque en ocasiones parezca que el PSOE actual puede funcionar como la pértiga que permita a Rajoy saltar el listón que él mismo levantó, la lógica de la sociología electoral española anima a considerar como gran dilema si llegará a los 170 o 172 escaños, resultado que le permitiría alcanzar un fácil acuerdo con los canarios, o si por el contrario tendrá que enfrentarse con el abismo de negociar con una enigmática CiU que ya no puede rentabilizar desde la Generalitat lo que consiga en Madrid y que ha pagado un altísimo precio por su entente con el PP. De momento y por si acaso, Rajoy tiene preparado su colchón canario de cuatro o cinco escaños. Por algo fue desde 1996 el negociador de Aznar con los isleños.