LO SABÍAMOS, pero en mi caso preferí decirlo cuando fuera oficial, no dar pie a que me tildasen de castrista o de antiamericano primario: la OMS (Organización Mundial de la Salud) acaba de publicar el indicador que mide el estado de la población y en especial el desarrollo de los cuidados materno-infantiles. Resulta que en este terreno, Cuba alcanzó en el 2003 una tasa de 6,3 defunciones por mil nacidos vivos, lo que la sitúa como el segundo país de América y primero de América Latina. El cálculo de la tasa de mortalidad infantil incluye todas las muertes en menores de un año que ocurren en la población de nacidos vivos en un periodo de 12 meses. Esta tasa puede ser afectada por múltiples factores sociales, económicos y científicos. Por ello los límites máximos y mínimos permiten establecer diferencias entre distintos países e incluso en áreas geográficas de un mismo país. Es interesante igualmente, e ilustrativo, observar la progresión de las estadísticas. Durante los últimos cinco años los resultados en Cuba han sido constantes: en 1999, 6,4. En 2000, 7,2. En el 2001, 6,2; en el 2002, 6,5. Y en 2003, 6,3. De acuerdo con el Estado Mundial de la Infancia 2004 , que publica Unicef, Estados Unidos se coloca inmediatamente por debajo de Cuba, con 7 por mil, y Canadá alcanza el primer lugar. La OMS asegura que si todos los países de América Latina concedieran a la maternidad tanto interés y gastos como Cuba, habría en el continente seiscientos mil muertos menos por año. Semejantes estadísticas que se observan en educación, asistencia médica, delincuencia callejera, muestran el adelanto de Cuba en relación con otros países del hemisferio, y la actualidad haitiana es un ejemplo elocuente. Lo cual no quiere decir que Cuba sea un paraíso, por supuesto. Amnistía Internacional, en su último informe sobre la tortura, menciona a este país, y asegura que por lo menos en su vertiente psicológica, esta inmunda práctica existe en la isla. Hay dos fuentes de tortura psicológica. Una, la interior, evaluada por Amnistía en mil casos hace varios años, se sitúa ahora en cien, según la misma fuente, lo cual es demasiado. La otra emana de fuera: al cabo de dos años del establecimiento en sus tierras de un campo de concentración, así como del traslado y confinamiento sin acusación de más de seiscientas personas carentes de defensa jurídica y en unas condiciones más propias de ganado que de personas -mejor se trataba a las reses en la feria de Begonte-, se empieza a hablar claramente y a exigir que los EE.?UU. apliquen las reglas del derecho internacional. El 9 de mayo del 2003, ya Amnistía alertaba a la opinión pública sobre la situación intolerable de los detenidos en la base militar americana de Guantánamo. El Tribunal Supremo de EE.?UU. acaba de aceptar a trámite el caso de Yasir Esam Hamdi, un prisionero supuestamente relacionado con Al Qaida, nacido en Estados Unidos, que desde su detención en Afganistán permanece incomunicado, pese a no haber sido acusado de ningún delito. Su abogado dijo, con razón, que este proceso hará historia, porque defiende a un acusado sin haber podido entrevistarse nunca con él. También los abogados de dos de los seis detenidos franceses en la base americana indicaron que iniciarán una acción ante el mismo Tribunal Supremo para que se pronuncie sobre la legalidad de las detenciones. Desde hace casi medio siglo se dice que Cuba es un laboratorio. En este trozo ínfimo del planeta pugnan en estos momentos la vida y la muerte, situación simbólica del estado del planeta.