Puertas desquiciadas

| FRANCISCO RÍOS | hablar.bien@lavoz.es

OPINIÓN

«SENTADO en el quicio de la puerta, el pitillo apagado entre los labios, con la boina calada, y en la mano, una vara nerviosa de avellano». El cantante colocó en una posición imposible a su abuelo Víctor, el que fue picador, pues el quicio es, en una puerta o ventana, la parte en la que están los goznes y las bisagras. Los seres sujetos a las leyes de la gravedad pueden sentarse junto a un quicio o apoyando la espalda en él, pero no en esa parte de la puerta. El caso del abuelo puede ser importación de indianos, pues en algún país ultramarino -no en España- quicio designa el escalón que da acceso a la puerta principal de la casa. Ese peldaño, y también la parte inferior de la puerta aunque no tenga tal forma, en español se llama umbral . Se supone que debajo de este solamente hay tierra, piedra o algún otro material de construcción. Sin embargo, bajo algún umbral se está metiendo todo tipo de cosas y personas, especialmente a los pobres. En un uso figurado, umbral es la entrada o principio de un proceso (el umbral del nuevo año) y el valor mínimo de una magnitud a partir del cual se produce un efecto determinado (el umbral de la pobreza). Pero su significado primigenio condiciona su empleo: algo puede estar sobre o en el umbral, quedarse lejos o cerca de él, rebasarlo, superarlo, cruzarlo, atravesarlo (El 53% de la población argentina no supera el umbral de la pobreza), pero no situarse o permanecer bajo él (El 53% de la población argentina vive por debajo del umbral de la pobreza) . En el otro extremo de la puerta está el dintel, la parte superior horizontal sostenida por dos piezas laterales. Bajo él cabe estar, pasar y hasta fumar o cantar, y sobre él, en la pared, es posible colgar un cuadro o poner una alcayata, pero en él nunca podrá posarse un pájaro o tener lugar la difícil posición en que se coloca a un personaje en el suplemento literario de un periódico: «Los huesos crujen, pero ya está sentado en el dintel».