Los límites de la publicidad

| ARANTZA ARÓSTEGUI |

OPINIÓN

10 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LAS CARTAS que han llegado últimamente a la Amiga del lector han sido coincidentes en manifestar su rechazo por una página de publicidad, insertada en la edición de La Voz del día 12 de diciembre, que nuestros lectores consideran que no está acorde con la línea del periódico. Se trata de una página en la que, bajo el título de «Por mi águila», Ramón Carlos Regueiro Mosteiro, con una redacción un tanto confusa, vocabulario malsonante y polémico contenido, divaga sobre una serie de temas. La publicidad, que ocupaba la página 54, lleva como ilustración una fotografía del autor del aserto, además del dibujo de un águila descabezada con un escudo de España sui géneris, que recuerda a la época franquista, y otro de una pareja que, a juicio del lector Juan Enrique Martínez Morgade, de Ferrol, es «genuinamente pornográfico». Texto racista «Entiendo que se trata de una página de publicidad, pero también entiendo que el autor de la misma la ha utilizado para mostrar un ¿discurso? impresentable por racista, xenófobo y realmente enfermizo. Mi duda es que, si todo cabe en cuanto a publicidad, entiendo que mañana puedo abrir La Voz y encontrarme con una fotografía pornográfica o con un texto a favor del terrorismo etarra bajo la palabra publicidad (la que comento pienso que roza lo ilegal)», dice Diego Cascón Castro, de A Coruña, en un correo electrónico. Responsabilidad En otro correo, el citado Juan Enrique Martínez Morgade asevera que «el hecho de que sea publicidad pagada no exime a La Voz de la responsabilidad de publicar esto. El texto del señor Regueiro no contiene más que desvaríos y debe ser tratado como una manifestación de la enfermedad. Textos como éste no deben salir de la consulta de un psicoterapeuta y, ni qué decir tiene, no deben ser exhibidos ante 680.000 lectores». En la misma línea, Juan Antonio Rouco Rodríguez, de A Coruña, pregunta si «La Voz de Galicia admite toda la publicidad que recibe o cuál excluye; cuáles son los baremos de selección ?económicos, éticos...?; quién tiene la potestad de vetar; si hay un comité de redacción que vela por cuestiones similares...». Por su parte, el lector Luciano González Alejandro, también de A Coruña, opina: «Me resulta incomprensible cómo un diario que el mismo día que anuncia con orgullo que es el quinto periódico de España pueda publicar semejante artículo. A mi juicio, un periódico es algo más que dinero. ¿O puede comprar uno con dinero las páginas que quiera y decir lo que quiera?». En el correo escrito por Rouco Rodríguez, éste muestra también su «indignación» por el texto insertado como publicidad «de contenido espeso, maleducado y ofensivo para las mujeres, los hombres, la Iglesia, el Ejército, la Guardia Civil, la policía, los docentes universitarios, los políticos..., en fin, la sociedad. Todo el texto, desde la primera hasta la última línea, es insultante». Empresario contumaz Según ha podido averiguar esta Amiga del lector, no es la primera vez que Ramón Carlos Regueiro Mosteiro ha utilizado las páginas de La Voz para hacer públicas sus proclamas. Lleva más de una década haciéndolo al menos una vez al año. En lo que llevamos de siglo, este empresario coruñés ha publicado dos páginas en el año 2001 y otra en el 2002. En todas ellas, bajo el titular «Por mi águila», figura la fotografía de su autor y el dibujo del escudo de España amañado. La página publicitaria llegó a través de la delegación de Santiago por el circuito comercial ordinario, nos informa Carlos Quintana Izaguirre, director comercial de La Voz. Éste nos relata así lo acontecido: «La contratación de la página la realiza un suscriptor con domicilio en Santiago de Compostela, que es quien firma la página. Es el cliente quien manifiesta su deseo de publicar dicha página, como ya lo había hecho en ocasiones anteriores. Como ocurre con toda la publicidad especial que nos llega, se la remitimos al director del periódico, que es quien decide finalmente qué hacer con ella». Carlos Fernández, auténtico archivo viviente de La Voz, me cuenta que el caso que nos ocupa no es único y que hace años también otras dos personas ?cuyos nombres omito? hicieron uso de esta modalidad para dar publicidad a sus opiniones.