SORPRESAS te da la vida. Nada hacía sospechar, conociendo análisis y noticias sobre el empleo y la precariedad laboral en Galicia, que fuera la propia administración pública gallega uno de los mayores contribuyentes a dicha precariedad. Cierto que rumores había en los ambientes acostumbrados, siempre de escasa fiabilidad, si bien sin mucho enfásis. Tampoco se registraba un gran afán de denuncia por parte de la defensa de los trabajadores. De ahí la sorpresa. Un titular de prensa generó al día siguiente una reacción confirmatoria de aquello que fue noticia o denuncia. El sistema sanitario gallego pondrá fin a su práctica habitual de contratación laboral precaria: un día, otro día. Ahora dos días no, luego tres sí. En fin, que el titular de periódico denunciaba algo de poca importancia y, claro está, eficazmente subsanado. Supongo que lo reconocido ahora como práctica habitual en la gestión de recursos humanos del Sergas buscaba no sólo una mayor eficiencia del sistema de salud, sino y de forma principal beneficiar a la hacienda pública. Uno ha puesto un esforzado afán por dar crédito a los principios de gestión implantados en nuestro sistema sanitario, y también en una parte del resto de servicios públicos: la eficacia de la gestión privada frente a la pública, las fundaciones, la inestabilidad laboral e incluso la precariedad como paliativo a los desmanes de un puesto de por vida y sin control. La disciplina en el gasto farmaceútico o su repercusión directa en la economía del enfermo, la transferencia de la asistencia pública a la empresa privada¿. Y desde ese afán, siempre me sorprendió y sigo en ello, que tras largos años con todas esas medidas en marcha y legislación ad hoc, el horizonte de eficiencia perseguido en nuestra administración pública, y específicamente en la sanitaria, se tornara cada vez más lejano. Prestar atención a debates políticos puede provocar desconciertos, y algo así debió de suceder al atender los planteamientos de uno que fue sólido parlamentario, Anxo Guerreiro. De ahí esta ingenua reflexión de si, entre otras, una de las dificultades para la eficacia no derivaría de la gestión del personal, de la que apenas se vislumbraba un dejar hacer, dejar pasar, aderezada con un selectivo palo y tentetieso, y la precariedad.