Las leyes

RAMÓN CHAO

OPINIÓN

01 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY QUE cumplirlas. Primer mandamiento y cimiento de la democracia. Cuando ésta nació virgen, en Atenas hace unos tres milenios, Sócrates nos dio el ejemplo: condenado a muerte por amar a los efebos, le abrieron las puertas de la celda y él se inclinó ante la ley, bebiéndose la cicuta. Seis siglos después asistimos en Judea a un remedo legendario de este autosacrificio. Jesús de Nazaret, quien se proclamaba Hijo de Dios, pudo haber bajado tranquilamente de la cruz e ir a celebrar su salvación con María Magdalena, en lugar de permitir su inmolación por el bien de la humanidad. Entre ambos ocurrió la ostrasización de Arístides, llamado el Justo, que cuento por estar hoy en plan doctoral. Fue éste un político y general ateniense, famoso por sus virtudes y vencedor en la batalla de Maratón. En aquel entonces bastaba con que un ciudadano pidiera el destierro de cualquiera para que se organizase un voto. Se hacía por medio de guijarros en forma de ostra. Los votantes ?todo el pueblo? escribían el nombre de quien querían ostrasizar y echaban la piedra en un matorral. Uno de los vecinos, que no sabía leer ni escribir, se acercó al general para que pusiera su nombre en la ostra. «Pero, ¿qué le ha hecho a usted Arístides?» «A mí nada. Ni lo conozco, pero estoy harto de oír que le llamen el Justo». Arístides escribió su nombre en la piedrucha, la arrojó al jardincillo con las demás y se encontró desterrado. Tengo para mí que pecaban de demócratas los antiguos, y hubo de llegar Maquiavelo en el siglo XV, secretario de la segunda cancillería de la República de Florencia (sucesor del temido Savonarola), para racionalizar la democracia. No sólo dijo «Dividir para reinar», sino también «No hay que decretar leyes que no se puedan cumplir». Está pasando en Francia. Lo del velo, por ejemplo; los signos ostensibles de pertenencia a un religión o a unas ideas. ¿Qué es ostensible? ¿Qué tamaño ha de tener una cruz para aceptarla en la escuela? ¿Y las camisetas del Che? ¿O mil otras, con lemas que no gustan a los bienpensantes? El Estado se inhibe, y deja en manos de los profesores la responsabilidad de castigar. Estas imprudentes disposiciones empiezan a tropezar con un desafío insospechado. Me dice una catedrática de Toulouse que muchas jóvenes de su universidad, cristianas, protestantes o musulmanas, decidieron asistir a los cursos con la cabeza cubierta por el llamado velo islámico, a ver quién va a meterlas a todas en la cárcel y dónde hay cárceles para todas. Y es que muchos jóvenes entienden la prohibición del velo como una merma de su libertad. Numerosas asociaciones, y el Estado de Irán, protestaron contra esta ley ?aún no decretada? que contiene, dicen, aspectos racistas antimusulmanes. Todo depende ahora de Jacques Chirac, y aún puede dar marcha atrás. Depende de si es o no maquiavélico: más vale una ausencia de ley, que una ley imposible de imponer.