EL VIERNES pasado me quedé en el banquillo y un folio se fue a la papelera, pero de ese folio quiero rescatar un «que conste» que tengo que hacer constar, y valga la rebuznancia: los trajes penales a medida son un desastre lógico y ético. Con Hammurabi, Solón, las Doce Tablas y gente por el estilo tuvimos un adelanto estupendo en la ley puesta por escrito y clara para que cada cual sepa de antemano qué habas se le cuecen; con Beccaria y aquello de que no hay delito ni pena sin ley previa llegamos a una verdad tan elemental e inderogable como la tabla de multiplicar. Ahora, con Aznar, se instaura la novedad de del te veo venir y aquí te espero con la ley ad hoc , latinajo que significa «Ibarretxe, te va a caer el pelo». La novedad aznariana tiene de mala maña leguleya todo lo que le falta de inteligencia y ética políticas en problema que es político y no legal. Y ya metidos en «que conste», vamos con otro que hace tiempo que se me quiere salir afuera y hoy por fin lo consigue. Acaba de terminarse por fin e ¡non é sen tempo! la ominosa navallada que racha Galicia desde O Ferrol a Tui: los retrasos y encarecimientos causados en buena parte por argumentos mentecatos y noxos catetos deberían tener ahora su consecuencia lógica. Sería de esperar que, para celebrar que ¡por fin! la navallada llega a donde quería, los protagonistas de esos argumentos y de esos noxos tuvieran, una de dos, la coherencia de no circular nunca por esa navallada tan rexeitable y tan desaxeitada , o la honradez de cantar algún tipo de palinodia en la que quedase claro al menos que el non por principio no es buen principio y que ejercían una ignorancia manifiesta de lo que Galicia necesitaba y sigue necesitando, pues se oponían a la navallada y no se oponían ni única ni principalmente a la mala fórmula de que sea de peaje. Y más de uno pasó de presidir el «¡Autopistas non!» a presidir el «¡Autovías xa!» con el desparpajo propio del que, como depositario y portavoz nato de la Esencia, tiene menos probabilidades de equivocarse que el Vaticano. Repito que el peaje me parece muy mala fórmula, pero, admitida su legalidad, tampoco estaría de más abrir expediente de con qué criterios de racionalidad y de justicia se hizo buena parte de la oposición que retrasó y encareció la navallada . A lo peor los accionistas de la navallada que sufrieron en su patrimonio ese retraso y encarecimiento, a falta de acción procesal por daños y perjuicios, podrían poner en las estaciones de peaje una lista de excluidos. O, mejor todavía, en las áreas de descanso podrían instalar unos paneles con antología de las catetadas y las chinchorrerías que se dijeron sobre la navallada , empezando por aquella de que las vacas no querrían utilizar los pasos subterráneos, como si el «¡Vaca vai, arre marela!» fuese a perder la eficacia que tiene acreditada desde el Neolítico. El único riesgo de esos paneles sería que te los lees y, si te mandan soplar, das positivo.