Europa en el 2004

| JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL

OPINIÓN

26 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

NADA MÁS APLAZARSE la negociación de la Constitución europea, Jacques Chirac y Gerhard Schröder anunciaron en sendas ruedas de prensa que había otros caminos. Los dos hablaron de una Europa flexible, a varias velocidades, en la que «grupos pioneros» avanzarían más deprisa que el resto, por ejemplo en la coordinación de políticas económicas, en educación o en defensa. Franceses, alemanes y belgas han llegado incluso a sugerir en estos últimos días de diciembre que se debe ir hacia una refundación de la Unión Europea, basada en un núcleo duro permanente de menos de diez países, entre los que estarían casi todos los fundadores de las Comunidades Europeas en 1951 y 1957 y tal vez Austria, Chequia y Hungría. Los elegidos tendrían un compromiso claro con una integración política liderada por franceses y alemanes. El resto quedarían fuera, en un primer círculo concéntrico con el que se podría comerciar sin tener que gastar dinero en política agrícola o en fondos europeos. Por fortuna para los españoles, italianos o británicos excluidos del vagón de primera, estos propósitos de año nuevo no tienen muchas posibilidades de cumplirse. Las varias velocidades y, sobre todo, la refundación, necesitan la autorización de los que serían socios discriminados. La presidencia irlandesa de la Unión, que empieza el 1 de enero, ya ha arremetido contra el apartheid franco-alemán denunciando que va en contra del espíritu de la integración europea. Hasta los holandeses, a los que corresponde en julio la misma presidencia semestral, critican la aspiración de hegemonía de París y Berlín. La justificación teórica de las varias velocidades se basa en que la Unión contiene cada vez mayor diversidad de intereses nacionales sin que haya instituciones europeas fuertes capaces de arbitrar entre ellos. Como se ha visto con el euro, hay países que no quieren dar nuevos pasos en la integración, otros que no pueden en un primer momento y otros que quieren cambiar las reglas del juego cuando les perjudican. Las varias velocidades permitirían conjugar flexibilidad e integración. Sin embargo, el motor de este proyecto de diferenciación, el eje París-Berlín, no funciona nada bien. Asistimos desde la unificación alemana al debilitamiento progresivo del tándem clásico, al que los españoles nos sumábamos para demostrar europeísmo cuando éramos recién llegados a la integración. Hoy las cosas han cambiado y estamos ante una Unión más compleja, en la que el interés europeo no nace necesariamente de la concertación franco-alemana. La diferencia de tamaño acompleja a los franceses y libera a los alemanes. Sus proyectos conjuntos están formulados como la defensa de intereses nacionales ni siquiera coincidentes y no a partir de una visión europea sugestiva. Incluso la mitad de los dirigentes franceses y alemanes dudan que el reforzamiento del tándem vaya realmente en interés de Francia y de Alemania. En París no pocos prefieren el denostado Tratado de Niza a la Constitución europea, ya que preserva la paridad de votos con Berlín. Por su parte, Gerhard Schröder está siendo muy cuestionado en su país por la financiación plena de la política agrícola francesa hasta el 2013 o por la política de defensa europea, en la que la mayor parte de los alemanes desean un mayor giro atlántico. El año nuevo europeo, por lo tanto, no será el de la división de la Unión en dos o más velocidades. Mi predicción es que la ampliación a diez nuevos Estados tendrá lugar sin convulsiones notables, irán cicatrizando las divisiones europeas en torno a Irak y se darán pasos modestos hacia una defensa que no rivalice con la OTAN. Después de aspavientos y amenazas, alemanes y franceses preferirán re-negociar entre 25 Estados el borrador de Constitución europea, que contiene posibilidades de flexibilidad más civilizadas. La opción constitucional, aunque sea minimalista, dará mejor resultado al maltrecho tandem que la retórica de las varias velocidades, con su insistencia poco elegante en que siempre ha habido clases.