HA SIDO un año arbitrando procedimientos para sellar los agujeros del Prestige y extraer el petróleo de su panza. Parece que nos encontramos al final de la pesadilla. Constituye una buena noticia. El foso que en la conciencia del país se abrió con aquella catástrofe se va rellenando. A ello respondió el Plan Galicia, y están respondiendo medidas, actos y declaraciones que tienden a levantar el ánimo colectivo. Resultan razonables, si no se convierten en triunfalismo, difícil de evitar cuando se está en permanente carrera electoral. Que se inaugure el último tramo de la autopista que constituye la columna vertebral de Galicia es una buena noticia, cuya comprensión mejora acompañada de que se realiza treinta años después de que fue aprobada la conocida como A-9, siendo su impulsor el finado Gonzalo Fernández de la Mora, entonces ministro de Obras Públicas, con quien trabajé unos meses como secretario general técnico. Son igualmente buenas noticias los primeros tramos del Ave en Galicia, que proporcionan una razonable seguridad de que también aquí llegará ese medio rápido de transporte. No será verdad ya el lamento poético -«Galicia, onde todo e por vir e non chega»-. Llegará, aunque con más retraso que el cacareado de Lleida de una Cataluña que se siente, al parecer, no bien tratada por las inversiones estatales. También es una buena noticia que la Unión Europea haya acordado adjudicar a España la Agencia de control pesquero, bondad que se incrementa al ubicarla en Vigo, al parecer por decisión personal del presidente Aznar. Galicia empieza a ser objeto de guiños significativos a partir del Prestige . Desde una consideración elevada de la política puede que resulte decepcionante, pero se impone la desnuda realidad. En este sesgo de la atención es indudable que mucho tiene que ver el tándem Aznar-Rajoy. El Plan Galicia lo protagonizó el presidente y algo habrá influido el entonces vicepresidente y ahora candidato a la Presidencia. Motivos no faltan. Había que enmendar el primer período de desconcierto -y hasta de la adecuada sensibilidad- en el tratamiento del Prestige . Atendieron el S.O.S. del presidente de la Xunta y fundador del partido que les es común. Un gesto positivo en lo que contiene de significado humano y que no careció, al parecer, de algún rédito intrapartidario. Si lo prometido es deuda entre particulares, lo proyectado es de cumplimiento obligado para los responsables del Gobierno y de las Administraciones Públicas. No sólo en el qué, sino también en el cuando. Es de esperar -y de exigir- que la tensión estimulada por las elecciones no se relaje posteriormente. Existen otros proyectos que requieren atención y sobre los que no puede todavía adelantarse, como en los citados, la buena acogida.