ATRIBUYEN al cronista en Corte Fernando Ónega haber parido la frase que hizo popular Adolfo Suárez en la transición: «Puedo prometer y prometo...». Atareado va a estar el fino escritor de Lugo ideando variantes para buena parte de los presidentes de comunidades autónomas. No pocos querrán seguir la senda ya consolidada del País Vasco y la que iniciará Cataluña para contar con Agencia Tributaria propia y algo que se parezca todo lo posible al cupo de Euskadi. No tendrán otro condicionamiento que ser ricos o pobres, que como nos ha recordado el que es tan gran cómico como crítico social, Albert Boadella, los que se quieren ir de España son los ricos. En cuanto algunos presidentes sean conscientes de que al hacer cuentas tendrían que devolver dinero a las arcas del Estado, además de apañar con la ingrata tarea de cobrar los impuestos, esos, al menos, se arrepentirán de su tentación. Unos y otros nos hablaban de los cambios en la Constitución, y en algún caso en los estatutos. Lo que de verdad le interesaba a muchos eran los ingresos de la Tributaria. Y al tiempo, olvidando la solidaridad. Total, ¿si nació y parece medrar la especie de persona de izquierdas -por tradición internacionalista- y al propio tiempo nacionalista, por qué no se puede ser políticamente zurdo e insolidario, como los de ERC, azote de extremeños y otros españoles que supuestamente viven de la caridad catalana? Con el cambio en la Constitución algunos están convencidos que se podrá declarar obligada la igualdad hombre y mujer, que otra cosa es conseguirla del Príncipe de Asturias para abajo. Eso y menudencias por el estilo, que afectan a las libertades. Con toda la hacienda troceada, habremos dado certeros pasos hacia la España de la desigualdad, pero a cambio algunos líderes periféricos conseguirían las mejores armas de un político: euros. Hay que repasar los chistes de los catalanes y la pela, a ver si nos dan pistas para el análisis político de futuro.