El derecho al honor y la televisión

| ANTONIO GONZÁLEZ |

OPINIÓN

09 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LAS TERRIBLES imágenes de los cadáveres de los siete españoles asesinados en Irak, mientras eran pisoteados por unos salvajes, han sido emitidas por nuestra televisión de manera reiterada, en diferentes espacios informativos, como si se tratara de un pasaje de una de esas películas de terror que con harta frecuencia programan para mantener el nivel morboso que, según los expertos en share, parece que es lo que tiene éxito de audiencia. Los responsables de la caja cutre -antes simplemente tonta -, especialmente los que gobiernan la super-caja-cutre pública, no han tenido reparo alguno en ofrecer al público esas trágicas escenas que denigran a las víctimas en su intimidad y en su honor. Esos dirigentes, mediocres y serviles que, en otras ocasiones ocultan realidades sociales porque pueden perjudicar a quien les manda, en esta ocasión les ha fallado el resorte de subordinación y han lanzado a las ondas el linchamiento con ensañamiento y crueldad de los siete españoles, porque en sus deformadas capacidades profesionales ha prevalecido el sadismo con que se recrean en los telediarios y demás programas basura, sobre el principio fundamental de respeto a la intimidad y al honor de las personas. Es lamentable que nadie haya alzado la voz, ahora que todos chillan más de la cuenta, para protestar en sede parlamentaria por semejante irresponsabilidad. Nuestra clase política, incluida la que gobierna, está enfrascada en otros asuntos reñidos con los sentimientos y el asesinato de siete españoles es, en definitiva, un trágico episodio que , sin duda se lamenta -faltaría más- pero cuya condolencia dura el tiempo del funeral. Después, vuelta a la carga de la rutina acusatoria preelectoral, mientras las víctimas son pisoteadas una y otra vez por la chusma en las pantallas de la televisión y explotadas las terribles imágenes como una mercancía para atrapar mayor audiencia. Esas imágenes no se hubieran emitido en Estados Unidos, no sólo por patriotismo (que es buen argumento) sino por respeto al honor de las víctimas. La libertad de expresión en Norteamérica es el paradigma de las libertades. Precisamente por esto, en situaciones excepcionales, no tiene reparos en anteponer el respeto a la sociedad a la que sirven a un derecho a la libertad de expresión que, si bien es legítimo, sin embargo hiere los sentimientos de las gentes a cambio de una notoriedad pasajera. Ese es el justo equilibrio entre derechos fundamentales que aquí, en esta ocasión, como en tantas otras, no se respeta. Es un problema de madurez. Algunos han dicho que esta decisión de la prensa norteamericana es una censura impuesta por el poderoso brazo del imperio. Quienes piensan así prefieren que se conozcan las salvajadas de la guerra y contar los muertos de cada día como si se tratase de una cacería .También en este caso, repito, es un problema de madurez. Amparados en el escudo-panacea de la libertad de expresión (Artículo 20), hay individuos por estas latitudes que utilizan este derecho, saltándose los límites constitucionales del también derecho fundamental al honor, a la intimidad y a la propia imagen (Artículo 18). La publicación de las macabras imágenes de los cadáveres de los españoles ultrajados, atenta directamente contra este derecho. TVE es un medio público que tiene la obligación de respetar escrupulosamente las normas de conducta que los españoles hemos aceptado. La flagrante, inconsciente, irresponsable, morbosa... vulneración de esa responsabilidad merece el repudio de la sociedad. Sin paliativos ni contemplaciones. Es una cuestión de honor.