VEINTINUEVE años, de padres andaluces, casado, dos hijos, ciudadano de Barcelona, votante de Ezquerra Republicana de Catalunya (ERC) e independentista. Es la tarjeta de visita de uno de los nuevos seguidores del partido de Josep Lluis Carod-Rovira, que justifica su posición en que cuando viaja a Perpiñán y se encuentra con sus amigos de esa ciudad francesa habla con ellos en catalán, «demostración palpable de que pertenecemos a una misma nación», y además «porque en Madrid hay 6.000 obreros trabajando día y noche para construir un nuevo aeropuerto y el nuestro de Barcelona es tercermundista, porque para salir de Barcelona tenemos siete autopistas de peaje y una gratuita, y Madrid tiene siete gratuitas y una de pago, y porque Madrid tiene AVE y del nuestro más vale no hablar». Estas razones para justificar su independentismo las enumeró un comunicante en llamada al programa de Maria Teresa Campos en Tele 5, Día a Día . No hay razones históricas, ni de «bucle melancólico». Son motivos prácticos y económicos, de envidia o agravio comparativo, de ausencia del más mínimo sentimiento de compartir y distribuir con otros lo que se tiene. De insolidaridad, en suma. Culpar a «Madrid», ese ente concreto, sinónimo de todas las maldades y centro de todas las diatribas, es lo que justifica a veces el independentismo de muchos. Ignacio Sotelo, catedrático excedente de Sociología, escribía en un reciente artículo que «el apoyo a la lengua y a la cultura propias -el control de la enseñanza ha sido y es fundamental- ha extendido el nacionalismo por amplias capas sociales, a la vez que el dominio nacionalista del aparato del Estado ha creado una clientela que necesita la independencia para establecerse con carácter definitivo». Es lo que veinte años antes vaticinaron Norberto Bobbio y Leonardo Sciascia, cuando declararon que la enseñanza no debería haber sido materia exclusiva de las Comunidades Autónomas porque uno de los elementos clave para vertebrar un país es enseñar a todos los estudiantes la misma Historia común. O lo que ahora ha declarado el profesor Antonio Elorza, de la Universidad Complutense, durante su intervención en Toulouse sobre los logros y las limitaciones de la Constitución española: «La España de las autonomías ha favorecido las identidades duales, pero no hemos conseguido, desde un punto de vista simbólico, crear una identidad española en la que todos podamos identificarnos».