DESPUÉS de que se impusiese entre nosotros la idea de que el conflicto judío-palestino no tenía solución a corto plazo, para satisfacción del primer ministro israelí Ariel Sharon, resulta que empieza a asomar una esperanza de paz a partir de la Iniciativa de Ginebra, propiciada por el Gobierno suizo y liderada por Yosi Beilin, ex ministro de justicia de Israel, y Yaser Abed Rabbo, ex ministro de Comunicaciones palestino, dos palomas con ganas de partirse el pecho por la negociación y por el entendimiento entre ambas partes. El acuerdo, presentado el lunes, se está configurando como una alternativa real a la confrontación endémica que reina entre el Gobierno israelí y la Autoridad Palestina. Pero el porvenir que se le presenta a la Iniciativa no es nada fácil. Judíos y palestinos parecen haberse domiciliado en el encono y la han recibido con escaso entusiasmo, cuando no con un abierto rechazo, con amenazas para sus ideólogos. Beilin ha sido claro y contundente al afirmar que «algunos extremistas de una y otra parte han hecho de este conflicto su modo de vida». La acusación vale tanto para Sharon como para Arafat. El primer ministro israelí ha dinamitado, con el muro de la vergüenza que está levantando en Cisjordania, toda esperanza de que quiera sentarse a negociar en serio un acuerdo. Arafat, por su parte, se ha abonado a una interminable ambigüedad, que es la peor forma de afrontar una negociación en la que es tan necesaria la credibilidad y el rigor. Ambos son dos auténticos estorbos para la paz. Y estorbarán más a medida que la Iniciativa de Ginebra prospere. De momento la realidad es clara. Gran apoyo en el exterior (de los gobiernos británico, francés, ruso, egipcio, marroquí, etcétera) y mucho recelo en el interior. El aval del secretario de Estado de EE.?UU., Colin Powell, ha aumentado las expectativas. Pero por desgracia la Casa Blanca está demasiado absorbida por Irak y no va a atender las urgencias del conflicto judío-palestino. Por ello, ésta debe ser la hora de la Unión Europea. Sólo la UE puede impulsar este proceso de paz. Es nuestra oportunidad.