LA GUERRA en Irak se ha convertido en la guerra de los islamistas que quieren libanizar el territorio sunni, contra los aliados que intentan la reconstrucción de todo el país. Está claro que Irak está dividido en tres partes muy distintas: el norte, donde dominan los kurdos; en el sur, los chips; y la zona de Krikit, antigua patria chica de Sadam, que pretende ser refugio de la resistencia baazista. El frente de los islamistas está formado por voluntarios procedentes de países como Arabia Saudí, Líbano, Yemen y Norte de África. Muchos entraron en Irak al iniciarse la guerra para unirse al ejército de Sadam, y al disolverse éste regresaron a sus lugares de origen; aunque algunos se quedaron para unirse a la resistencia. La alianza Sadam-Al Qaeda está funcionando en la coordinación de esfuerzos contra los invasores. Los objetivos de los grandes atentados, son cuidadosamente elegidos y realizados por voluntarios suicidas que ellos llaman «santos guerreros». Estos métodos tienen muchos antecedentes, en el Líbano en los años 80 y en Somalia en los años 90 contra los norteamericanos. Así que estas tácticas no son nada nuevas: bombas suicidas y emboscadas para que los invasores se vayan, y la población civil les apoye. Así pretenden producir el caos y hacer imposible la reconstrucción de Irak. Por otra parte, los aliados de los norteamericanos no son sólo españoles. Allí, además de los británicos, están italianos, polacos, portugueses, holandeses, alemanes, japoneses, surcoreanos... Así hasta 70 países que de una u otra forma colaboran con Estados Unidos. Muchos son europeos, ¿o es que aquí no se reconoce como europeos más que a franceses y alemanes, que juegan con dos barajas?