UN MIEMBRO del Gobierno español que pasa más tiempo en los aviones que en su despacho, la titular de Asuntos Exteriores, visita la que fue Guinea española. Ana Palacio retoma un contacto obviado por sus antecesores Piqué y Matutes. ¿Por qué no fueron estos a Malabo y lo hace ahora esta mujer infatigable? También se podía preguntar qué ha cambiado, tanto allí como aquí. Teodoro Obiang no suele dar los pasos que de él se esperan. Ocurre así desde que un Gobierno de la UCD le ayudó a dar el golpe contra su impresentable tío, Macías Nguema: pasaportador de toda la oposición bubi, y también de la fang. Duro es decir que aquello siempre fue una merienda de negros desde las vísperas mismas de la independencia, allá por los años 60 del pasado siglo. Había desacuerdo sobre la fórmula de emancipación en aquel Gobierno de Franco. Prevaleció la peor, repitiéndose el paradigma de la descolonización europea en África: un Estado por cada unidad colonial, aunque ésta incluyera diversidades de razas y culturas. En la merienda aquella, los merendados -barridos, preteridos- fueron los bubis isleños. Tal es la estructura estatal de la inestabilidad política guineana, bloqueada con una dictadura. Teodoro Obiang, salido de la Academia Militar de Zaragoza, puede dar de sí solamente un poco más que su tío Macías Nguema, surgido de una estafeta de Correos. Para más complicar las cosas, al olor del petróleo, llegó hasta allí la avaricia de Francia y -en régimen de interposición- una gendarmería marroquí; después, la entrada en el área del franco y en la órbita de la francofonía. París puede estar moviendo ficha a través de Gabón, que plantea cuestiones de límites en aguas territoriales; igual que hace Marruecos en aguas afro-canarias. ¿Qué pasó para que Hispanoil cediera sus retículas en el golfo de Biafra? Atención al Atlántico Sur: dónde hay petróleo hay tomate.