Cuéntame...

| ANTONIO GONZÁLEZ |

OPINIÓN

21 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

CUANDO ESCRIBO estas notas es jueves y en la programación de TVE no aparece el capítulo habitual de Cuéntame... Lo han cambiado temporalmente por una nueva serie, con alevosía y algo de nocturnidad. Los millones de espectadores que seguimos las historias de la familia Alcántara nos quedamos sin conocer cómo se encuentra la niña en su vida hippy, si se ha desengañado de la vida contemplativa o si ha vuelto de nuevo al hogar paterno. Tampoco nos vamos a enterar si siguen los arrebatos sexuales del hijo mayor, un chaval espabilado en los estudios, de convicciones de izquierdas, que pierde su condición contestataria ante el reclamo de la vecina madura del segundo derecha. Por otro lado, no vamos a saber si la injerencia del facha y estafador don Pablo en el negocio de moda de la buena y sufrida Mercedes va a terminar como el rosario de la aurora. El caso es que la familia Alcántara se encuentra en una encrucijada, en la que algunos personajes parece que se han salido del guión. Con la excepción de Mercedes, la madre de familia, y la abuela, que se mantienen en sus papeles y en su tiempo, los demás van dando tumbos. Antonio, el cabeza de familia, ha renunciado a ser ordenanza en un ministerio, con lo goloso que es ser empleado de la Administración, para ser un mamporrero del mafioso don Pablo; los guionistas han disfrazado al pánfilo de Antonio de fantoche algo gilipollas, macho en su familia y borrego ante su jefe. El zángano mayor, ya está dicho, en vez de ser un personaje representativo de la rebeldía juvenil, dedica su tiempo a ligarse a una cuarentona vecina un capítulo sí y otro también. ¿Acaso pretenden decir los guionistas que la represión sexual de la época acarrea ese tipo de desmadres? Si así fuera, el chaval, que es muy descarado para lo que quiere, tendría que decirlo con claridad, porque el personal espectador piensa que está ligando al por mayor como en los culebrones y de compromiso social nada de nada. Hasta el pobre cura obrero está escandalizado por el culebrón que tiene en su parroquia. En cuanto a la chica, también queda dicho, es una visionaria y rebelde sin causa; una fracasada de su generación, que decide vivir su vida, con flores y a lo loco... Es posible que en algún próximo capítulo aparezca de nuevo por la casa paterna, con una barriga. Es una lástima que una idea tan inteligente -de las pocas que hay- deje de ser una historia que todos comprenden y asimilan y se transforme en un culebrón más. Es un tremendo error de los guionistas que precisamente los jóvenes, que son los que más intensamente tendrían que protagonizar lo que fue la lenta pero inexorable evolución política y social de los años 70, hayan sido desterrados hacia la frivolidad. Concediendo a los programadores de la tele un nivel de inteligencia acorde con lo que ganan, quizás tenga una explicación que se haya suprimido de la parrilla , aunque sea excepcionalmente, la serie Cuéntame..., para dar tiempo a los jóvenes Alcántara a que terminen con sus veleidades en la trastienda y vuelvan a ser de nuevo, después de un periodo de reflexión, los rebeldes comprometidos de aquellos tiempos tan interesantes y en muchos aspectos ejemplarizadores. Una generación que, por razones demográficas, ha sido la protagonista principal de la transición democrática no merece ser maltratada como personajes de culebrón.