AUNQUE la pregunta pueda sonarles algo rara, pronto verán que no lo es. Algo rara, sí, pues en Cataluña se decide, obviamente, lo que en todos los comicios: quién los gana y quién los pierde y, a partir de ahí, quién podrá formar una mayoría capaz de sostener a un gobierno con posibilidades de sacar adelante su programa. Desde esta perspectiva la cosa no ofrece muchas dudas, y preguntarse por lo que hoy decidirán los catalanes podría parecer, en efecto, una simpleza. Pero no se dejen engañar por lo evidente... o por lo que puede parecerlo. En Cataluña se deciden hoy muchas más cosas que las que están directamente sometidas a consulta de su cuerpo electoral. La primera y principal, la de cuál será el futuro de la autonomía catalana. Es decir, la de cuál será el futuro de las relaciones entre Cataluña y el Estado en que se inserta. Es cierto que todos los partidos que compiten, salvo el PP, hablan de modificar el Estatuto, pero lo es también que esas propuestas de reforma van desde el federalismo opaco de Maragall, hasta el independentismo transparente de Esquerra Republicana, pasando por el soberanismo encapotado de Artur Mas. Estando como están las cosas en Euskadi y pudiendo ponerse como es posible que lleguen a ponerse, no parece cosa irrelevante que en Cataluña se abra o no un segundo frente de aguda conflictividad territorial, por más democrática y pacífica que aquélla pueda ser. Así las cosas, es fácil suponer que la suma del independentismo transparente de la Esquerra y del soberanismo encapotado convergente suponga un riesgo potencial para la estabilidad constitucional de mucha mayor envergadura que una suma entre el independentismo transparente y el federalismo opaco (o confuso) que representa el PSC. Y eso se decide, entre otras cosas, hoy en Cataluña. Como se deciden también, en gran medida, las posibilidades inmediatas de futuro del PSOE y de su líder. Una victoria de Maragall animaría a los socialistas y contribuiría a sacarlos de esa modorra melancólica en que se instalaron tras la traición de Bonnie and Clyde . Pero esa misma victoria, que sólo daría el gobierno de la Generalidad al PSC tras un pacto con Esquerra (y puede que, incluso, con IU) podría acabar siendo, sin embargo, una losa insoportable para el futuro electoral de Zapatero. ¿Se imaginan al PP haciendo campaña en la primavera del año 2004 con el lema de que el PSC gobierna con quienes defienden una Cataluña independiente? El acabose. Sí, señor: no cabe duda. Hoy, igual que siempre, unos ganarán y otros perderán. Pero, pase lo que pase, todos los españoles nos veremos afectados por el resultado catalán. ¡Y cómo!