CARLOS G. REIGOSA
14 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.LO PARADÓJICO de las elecciones que mañana se celebran en Cataluña es que a ninguno de los contendientes le gusta del todo el resultado que se le atribuye a priori. CiU y PSC por razones obvias: las encuestas los sitúan ante un empate técnico. Pero tampoco Esquerra Republicana (ERC), para la que se perfila un notable avance, se muestra eufórica, quizá porque, al saber el resultado, tendrá que empezar a desvelar el misterio de con quién prefiere pactar y en qué condiciones, o si rechazará hacerlo. Así de interesante y de complicada está la cosa pública catalana. Tres hombres aspiran a presidir la Generalitat. Artur Mas, al frente de CiU, como sucesor de Jordi Pujol y como garante de «un proyecto de futuro nacionalista». Pasqual Maragall, líder del PSC, en nombre de una alternancia para la que cree llegado el momento, por estimar que representa el cambio necesario e inaplazable. Carod-Rovira, el secretario general de la crecida ERC, postulándose a sí mismo como alternativa a ese posible empate técnico, aunque tenga muchos menos diputados. Sólo Piqué, el candidato del PP, maneja otras opciones, basadas en la esperanza de que sus votos resulten decisivos. Incertidumbre e incógnitas, pues. La solución, mañana.