Rasgo de identidad

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

10 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LA SITUACIÓN del mercado laboral nos está haciendo pasar una semana de perros. Y eso que teníamos sobrados motivos para la felicidad. Con el compromiso real, la excursión de Ana de Palacio por Irak y el futuro AVE de Oporto a Vigo. Pero cada mañana que abrimos el periódico nos enfrentamos a la dura realidad. El mercado laboral en Galicia agoniza. La pasada semana nos dijeron que el paro aumentó en octubre en 6.496 personas. El 11,35% de la población activa. Más de dos puntos y medio por encima de la media estatal. Ayer, este periódico nos hacía una radiografía de la precariedad laboral que afecta ya a uno de cada tres empleos. Y lo que es peor. Mientras en 1998 el porcentaje era del 17,4%, ahora está prácticamente en el 35%. Su máximo histórico. Cada vez que mentamos la situación laboral de este país, nos echamos a temblar. Hace bien el presidente Fraga en vender por Argentina y Uruguay la imagen de una Galicia paradisíaca. Y, al tiempo, pedir el voto de los emigrantes para España, para Rajoy y para el PP. A eso se llama aprovechar las sinergias. O lo que es lo mismo, no malgastar el viaje institucional. Pero mientras divertimos a la diáspora con mensajes ilusionantes, aquí la casa se nos llena de goteras. Que Galicia continúa divergiendo con España y Europa en empleo es un hecho. Que la precariedad supone uno de los rasgos de identidad de nuestro mercado de trabajo, nadie puede discutirlo. Pero no estaría de más que, de una vez, dejásemos de hacer lecturas positivas y afrontásemos el problema en toda su extensión. Porque lo más preocupante es que las cifras de desempleo llegan siempre acompañadas de mensajes de complacencia, resignación y autoengaño. Vamos mejor que el pasado año, argumentan. Pues que se lo pregunten a los 150.000 parados y a los 271.000 eventuales. A ver qué dicen.