EL PARLAMENTO VASCO se ha convertido en el centro del conflicto entre Euskadi y el Estado, entre el poder legislativo de una cámara de representación de la soberanía de una comunidad y el poder judicial que debe salvaguardar el Estado de Derecho y la observancia de las leyes. Pero hay determinadas peculiaridades del régimen foral que esgrimen los nacionalistas como derechos históricos del pueblo vasco, que deben ser utilizados para responder al conflicto sin tener que «romper la baraja» suspendiendo la autonomía por aplicación del artículo 155 de la Constitución española. Nadie sabe a estas alturas quién es el pueblo vasco, y menos aun los nacionalistas, dispuestos a levantarle una estatua a Sabino Arana en la ciudad del Guggenheim, Euskalduna y el Museo de Bellas Artes, que, tras el Prado y el Nacional de Cataluña, es el mejor de España; haciendo colisionar cultura y primitivismo, apertura y endogamia racial. Euskadi es una comunidad de reciente creación, consecuencia del Estatuto de Guernica. Comunidad de comunidades de régimen foral, que son los territorios históricos, que conservan su régimen privativo de autogobierno y autoorganización. Dicho de otra manera. Para que una norma del Parlamento, que vulnera Ley o Derecho, se aplique, debe ser debatida y aceptada por las Juntas Generales y Diputaciones Forales de cada comunidad foral-territorio histórico-provincia. ¿Dónde reside la soberanía de los ciudadanos vascos? En el Parlamento vasco y en los parlamentos forales (Juntas Generales). Por esta razón, Ibarretxe prefiere referirse al Pueblo Vasco que nadie sabe dónde reside, o que puede residir en Chile, Venezuela, o donde hubiera comunidad de vascos en casa regional organizada desde la llamada «diáspora vasca». Por eso, tampoco se atreve el lendakari a promulgar el proyecto de ley, y lo deja en declaración solemne, plan o propuesta, sin más; pero suficiente para provocar al personal con constancia de conflicto, en el que el PNV ocupa el espacio de Batasuna, a fin de ser heredero de los votos necesarios para que, en el próximo Parlamento vasco, el partido de Arzalluz, Arana e Ibarretxe vuelva a tener la mayoría absoluta que perdieron en 1986. La única manera de evitar la trampa es exigiendo que sean los soberanos de cada territorio, por separado, los que se pronuncien sobre la oferta en cuestión, haciéndoles depositarios de la soberanía.