Conspiraciones

| LOIS BLANCO |

OPINIÓN

03 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LA TEORÍA de la conspiración ha servido a políticos de cualquier bando para justificar fracasos o, simplemente, para eludir responsabilidades. El gran teórico de la conspiración fue el general Franco, pero también Felipe González se amparó en parecidos argumentos en la derrota del PSOE en el 96. Mario Conde, Perote y la extrema derecha mediática eran los culpables, como si Roldán, por ejemplo, no hubiese existido jamás. En Galicia, el mejor teórico de la conspiración es Xosé Manuel Beiras. El fracaso electoral del 2001 -el PSOE alcanzó al Bloque en número de escaños- estuvo provocado por unos señores que se sentaban a conspirar -se supone que a oscuras- para manipular la voluntad popular. Ahora que se avecina la asamblea de la sucesión de Beiras, otra vez surge la teoría de la conspiración para justificar hasta la crisis municipal de Vigo. Puede resultar rentable atribuir a otros las responsabilidades, pero también es la forma perfecta para no solucionar los problemas.