PACO SÁNCHEZ | O |
01 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.ME PASARON un correo electrónico que venía directo de Irak, del acuartelamiento de la Brilat en Diwaniya. Contaba, con la sobriedad propia de la narración castrense, el funeral celebrado allí por el sargento gallego Luis Puga. Por lo visto, al final de la misa, un comandante, que había sido capitán del fallecido muchos años, quiso leer unas palabras sobre él, en las que oficiaba de estribillo la expresión preferida del sargento. Según el correo, «era un hombre siempre dispuesto a colaborar, sin una queja. Hasta el punto de que, para esas ocasiones en que la pereza o el cansancio se rebelan, tenía una muletilla: «¡Sin pegas!». Recordó el comandante diversos momentos duros que tuvieron que pasar juntos, como la construcción de un puente en Bosnia. En todos ellos, «sin pegas» fue su contestación. Concluyó dirigiéndose a Dios: que no se peocupara por haber llamado al sargento Puga a su presencia, porque estaba seguro de la respuesta: «¡Sin pegas, Señor!». La carta termina: «Fuimos muchos los que lloramos esta tarde. Pido a Dios y a Luis Puga que, cuando regresemos y nos pregunten por nuestra misión, podamos responder, con orgullo y serenidad, lo mismo que él: «¡Sin pegas!».