CONFÍO en que el amable lector observe que hacia el Islam no es lo mismo que contra el Islam . Porque de eso se trata, pienso yo, de una campaña emprendida por los países occidentales para acercarse a las naciones islámicas y contrarrestar el efecto Bin Laden que pone al Occidente judeo-cristiano como el verdugo del Islam en Palestina e Irak. Demasiado fácil. No es por casualidad -no debiera ser- el que distintos líderes occidentales recientemente hubiesen cubierto con visitas y declaraciones de amistad todo el amplio espectro de naciones árabes e islámicas que van desde Marruecos en Occidente hasta Indonesia en Oriente. Señalemos algunos movimientos estratégicos importantes: Chirac fue a Marruecos; Aznar a Libia, Rato a Teherán; Bush a Indonesia y los Reyes a Siria, mientras que los tres ministros de Exteriores de Francia, Alemania y Gran Bretaña viajaron esta semana a Irán. Es evidente que, desde el punto de vista europeo, debiera de haber un mínimo de coordinación por el representante de la UE para asuntos externos, Javier Solana. A simple vista se observa un reparto de tareas, los europeos a Oriente Medio, cuando se celebra en Madrid la Conferencia de Donantes, y los norteamericanos al Oriente Lejano, donde se acaba de reunir también la gran alianza del Pacífico (APEC) que puso en bandeja la visita de Bush a esa región . ¿Qué pueden buscar y ofrecer unos y otros? Además de cubrir sus intereses nacionales, especialmente de negocios empresariales que acompañan a los líderes más destacados, se buscan también objetivos generales, como son la consolidación del eje París-Rabat, la confirmación de la amistad hispano-árabe, la desnuclearización de Irán y el reforzamiento de la influencia de Estados Unidos en el Sudeste Asiático. Si a todo ello le sumamos la reconstrucción de Irak, el conflicto árabe-israelí y las necesidades de petróleo, ya tenemos el por qué de la ofensiva hacia el Islam.