Las radiología, trivializada

| BENIGNO COSSÍO COLL |

OPINIÓN

23 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

UN RADIÓLOGO o médico especialista en radiodiagnóstico, que es el que habitualmente se encarga del diagnóstico radiológico, ecográfico y por resonancia magnética de todas las partes del cuerpo en pacientes pediátricos o adultos, hace la carrera de Medicina (6 años), luego tiene que pasar una dura oposición para entrar en un hospital y tener la posibilidad de formarse por el reconocido sistema oficial de formación de especialistas MIR (médico interno y residente). Una vez en el hospital estará 4 años como médico residente y así, después de 10 años como mínimo y habiendo aprobado todo a la primera, puede empezar a ser radiólogo. Después de ser especialistas en radiodiagnóstico, y una vez que están trabajando en un hospital o cualquier centro sanitario, todos tienen que seguir formándose de forma continua y algunos incluso especializándose más en ciertas parcelas ya que el tremendo desarrollo que está teniendo la especialidad requieren una formación permanente en ecografía, tomografía computarizada (TAC), resonancia magnética, imagen abdominal, torácica, pediátrica, músculo-esquelética, o en tratamientos mínimamente invasivos guiados por técnicas de imagen como ocurre en la radiología vascular e intervencionista, en neurorradiología, en tratamiento percutáneo de tumores hepáticos, etcétera... En resumen, no se acaba nunca de estudiar y de practicar, necesitándose en todos los campos de la radiología amplios conocimientos científicos y grandes habilidades técnicas y manual, que sólo proporciona el entrenamiento continuado año tras año. Lo dicho vale también para cualquier otra especialidad. Creo que estas aclaraciones son necesarias ya que la gente continúa acudiendo a que «le hagan unas placas» para que las vea el médico, que para ellos no es el médico radiólogo. Y ya es hora de que empecemos todos a difundir que eso no es así. Y no por autoestima, que sería legítimo, sino porque es peligroso que no se sepa que no es así. Si la cosa fuera tan fácil como hacer unas fotos, pues cuantas más mejor. Pero la salud y los bienes sociales son otra cosa y así estamos llegando al colapso de nuestras instituciones por el uso indebido de las técnicas de imagen para el diagnóstico sin ningúna finalidad terapéutica. Es peligroso no sólo por economía sino también por los riesgos que entraña la realización indiscriminada o poco selectiva de pruebas Es absurdo, angustioso para el paciente, a veces peligroso, y siempre costoso para la sociedad hacer un TAC, resonancia o cualquier radiografía innecesaria. Es crear lista de espera para nada, gasto inútil que entorpece la asistencia a los que sí se pueden beneficiar del uso de esas técnicas. Nuestro trabajo como radiólogos incluye realizar la valoración de la adecuación de una prueba al caso concreto de cada paciente y rechazar aquellas peticiones médicas en las que el riesgo es mayos que los beneficios que se van a obtener o buscar la mejor prueba para cada situación y paciente. También incluye dar prioridad a los estudios. Además hay que racionalizar el gasto sanitario. Por eso es necesario poner un poco de orden en todo esto. Estamos en una época en que todo puede fabricarse cada vez más pequeño y más barato, así que hasta ya hay empresas dispuestas a dar servicio de ciertas cosas (TAC, resonancia magnética, PET...) en camiones a la puerta de casa, por decirlo así. Pero un paciente sigue siendo más que un estudio o una radiografía; hacen falta profesionales que tengan el tiempo necesario para hablar con los pacientes, radiólogos que puedan analizar todo el historial de cada paciente antes de emitir un diagnóstico, hacen falta recursos en informática, quirófanos, reanimaciones, UCI. Un hospital no es una fábrica de hacer placas o cualquier otra cosa, como se hacen chupa-chups que luego se reparten por las casas. Otro problema que agrava toda esta complejidad es la presión judicial. Todo el mundo pretende que la Medicina sea una ciencia exacta, pero no lo es. La misma enfermedad en distintos individuos e incluso en distintos climas, tiene progresiones y finales distintos. Es así se quiera o no, pero la presión social-judicial (ayudada por esos programas de la televisión-basura) ha hecho que nazca la medicina defensiva . Y con ello la trivialización del diagnóstico por la imagen, que se puede archivar y que se puede usar como argumento o arma, alcanza límites insospechados.