Regular idea, mala solución, peor momento

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

22 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LE PROPONGO un juego: imagínese usted que es un emigrante que lleva años en el extranjero. Ha regresado a España hace un par de meses, y ha seguido con curiosidad los acontecimientos de este país. Vio lo ocurrido con Alexander King, y a continuación al ministro del Interior que propone reformas legales. Supo que había mucha delincuencia juvenil, y a continuación una propuesta de reforma de la Ley del Menor. Y así, hasta una docena de casos. La mayor sorpresa se la habrá llevado ayer: hay por ahí un llamado Plan Ibarretxe, y el Gobierno estudia frenarlo también (¿a que se lo había imaginado?) ¡con una reforma del Código Penal! De forma absolutamente lógica, usted se preguntará qué tipo de legislación tiene España. Ninguna de las cuestiones que interesan, inquietan o perturban al ciudadano está debidamente regulada. Bueno, para ser más justos, casi ninguna. A cada suceso que se sale del carril de lo esperable, se le responde con una reforma legal. Todos los gobiernos que hubo en nuestra democracia han presumido al cierre de cada legislatura de la cantidad de leyes que llevaron al Parlamento. Y siempre son centenares. Un trabajo tirado. Los diputados han hecho miles de horas-culo para que su trabajo no sirva para la España real. Ésta sería la visión amable de la situación. La visión menos amable, pensando en cómo se quiere combatir el Plan Ibarretxe desde el Código Penal, lleva a otro tipo de conclusiones. La primera, que el Gobierno no demuestra saber hacer otra cosa frente al desafío secesionista que aplicarle un nuevo Código Penal. Ahí termina toda la capacidad de iniciativa y toda la imaginación política del equipo que presume de garantizar la cohesión de la «España plural». La segunda, que, con este tipo de iniciativas, el llamado «poder central» no hace otra cosa que provocar el caldo de cultivo de las ideas nacionalistas, que es el victimismo. Y la tercera que, encima, eligen mal el momento de filtrarlo a la prensa. ¿Qué mejor escenario puede desear Ibarretxe que el brindado por ese anuncio de reforma? Él, que dice buscar la definitiva pacificación del País Vasco, ahora puede pregonar que va a ser perseguido por la Brunete judicial creada desde La Moncloa. Los ministros de Aznar, dirá Arzalluz a sus militantes, no se conforman con rechazar las ideas de concordia que propone el lendakari, sino que están buscando la forma de procesarle y meterle en la cárcel. Y, ya desde la campa, arengará a sus fieles: ¿veis cómo no buscaban sólo la ilegalización de Batasuna? ¡También quieren ilegalizar al PNV! ¡Quieren meter en la cárcel a todo lo vasco! Y ya tenemos otra vez el círculo vicioso. No creo que así se le gane a Ibarretxe.