«Esta xa a vimos»

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

EL OJO PÚBLICO

21 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS MÁS CURSIS utilizarían la expresión francesa déjà-vu . Pero yo, que prefiero la cuchufleta a lo finolis, les recordaré un chiste que muchos de ustedes deben conocer. Se disponían en el cine, tan felices, dos de nuestros paisanos a ver una película, cuando de pronto salió en pantalla (¡rouggg!) el león que anuncia los films de la Metro Goldwyn Mayer y uno de ellos comentó: «Ímonos, Pepiño, que ésta xa a vin». Modestia aparte, el chiste viene como anillo al dedo para el caso, porque también a Manuel Fraga lo conocen sus más fieles seguidores como el león de Vilalba. Pues bien: muchos de los espectadores que ayer hayan seguido por la tele la intervención del presidente de la Xunta en el debate sobre el estado de la autonomía deben haber tenido una impresión similar a la del amigo de Pepiño. «¡Coño, esta xa a vimos!», se habrán dicho, al observar al mismo Fraga de los tres últimos quinquenios, golpeando a las palabras, prometiendo sin parar, criticando a diestro y a siniestro, hablando de lo divino y de lo humano, y cantando, en fin, las, según él, indiscutibles excelencias de un gobierno (el suyo) que ha hecho de Galicia un paraíso terrenal. O poco menos. Casi nada ha quedado fuera -es cierto- de una intervención que sería comparable en su estructura (aunque no en sus calidades literarias) a aquella famosa novela de Cortázar, Rayuela , que -experimento estético propio de la época- podía ser leída desde el principio hasta el final, pero también inversamente (desde el final hasta el principio) o, incluso, según el orden de capítulos que sugería el genial guasón que siempre fue Julio Cortázar. Pero, si nada ha quedado fuera de la cesta del discurso, en ella han destacado sobre todo los productos congelados: pacto local, reforma del Senado y presencia de Galicia en las instituciones europeas. Como el que más, Fraga echa pecho autonomista y vuelve a la carga con asuntos que tienen tres cosas en común: que parecen interesarle mucho a los políticos pero muy poco a los simples ciudadanos; que ese interés de los políticos sólo se ha traducido, sin embargo, en bla, bla, bla; y que sería difícil que fuera de otro modo, pues los tres son temas poco aptos para la demagogia de partido, que exigen soluciones técnicamente muy complejas y políticamente muy consensuadas. Así las cosas, Pita, Beiras y Touriño no pudieron sino dar, en sus completamente previsibles turnos de palabra, una mortal sensación de aburrimiento. Pues pasa con estos debates lo que pasa con las pelis: que las ya vistas de antemano sólo se soportan si su calidad es extraordinaria. ¿O es que alguien podría ver una y otra vez Karate Kid: la historia continúa ?