Chinos en el cielo

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

YA TENEMOS chinos en el cielo. Y no es un cuento chino. Es lo que nos faltaba para ir completando el cuadro de las cosas que flotan entre la Tierra y la Luna, donde hasta ahora no había chinos cuando mirábamos con los catalejos. El jueves los chinos eran más chinos después del éxito de su compatriota Yang Liwei, el taikonauta de 38 años que ha girado 14 veces alrededor de la Tierra antes de caer con su cápsula sobre las estepas de Mongolia Interior, de la que salió con cara de despistado y un poco aturdido. En ese momento la sonrisa de mil doscientos millones de chinos rasgó más sus ojos y los hizo más chinos y más felices. No había más que ver las caras de entusiasmo que despertaba la hazaña espacial para intuir que de los chinos hasta en la sopa vamos a pasar a los chinos hasta en las estrellas. Sopa de estrellas chinas. Será a partir de 2005 cuando veamos a otro taikonauta surcar los espacios siderales, según Xie Mingbao, director de la denominada Oficina de Ingeniería del Programa Espacial Tripulado chino. Y luego, al ritmo de uno cada dos años hasta construir un laboratorio y una estación espaciales en la que hacer experimentos chinos. Y de aquí a la Luna, a la que quieren llegar en 2020, solo quedará un paso para que podamos decir que hay chinos hasta en la Luna. Era un contrasentido que los inventores de la pólvora y de los fuegos pirotécnicos no hubieran volado hasta ahora por el Cosmos para conquistar nuevos sueños. Las cometas que fabriquen desde hoy en ese inmenso país del comunismo capitalista y a las que tan aficionados son tendrán la cara de Yang Liwei y pronto volarán en nuestros descampados vendidas por los chinos de las tiendas de todo a cien o de las litronas, y hasta las rosas sin olor que nos ofrecen por la noche en bares y terrazas, con una sonrisa de lado a lado que no se les quita ni cuando les decimos que no, tendrán la cara de Yang Liwei. El Siglo XXI será de China, como afirma Georgina Higueras en su libro China. La venganza del dragón , porque necesita vengarse de los 150 años de humillación de Occidente y para lograrlo se convertirá en una gran potencia económica y espacial. Ha llegado tarde a la carrera espacial pero ha llegado, y cuando los chinos se empeñan en que la tortuga alcance a la liebre lo consiguen. Es cuestión de tiempo y espacio.