PRESUMO de ser el gallego de Lugo que durante más tiempo seguido escuchó a Artur Mas hablando en catalán. Incluso en la intimidad. Ocurrió durante cuatro horas, en el diario La Vanguardia . Y ahora, recordándolo, descubro una prodigiosa habilidad del sucesor de Pujol: es capaz de decir una tontería mucho mayor en 15 segundos que en 240 minutos. Incluso mayor que las hechas y dichas por otros humanos (no políticos, por supuesto) durante toda su vida. Debería haber un capítulo para estas hazañas en el Libro de los Récords . Al señor Mas le van a dar hasta en el carné de identidad. Le van a dejar la cara más marcada que un portero del futbolín. Pero yo le defiendo. La ocurrencia de don Artur es histórica. Es, sobre todo, original. Tan original, que no se le ocurriría a ningún otro político. Otros candidatos nacionalistas, sin duda más prosaicos, defienden tener selecciones deportivas propias como seña de identidad. Algunos otros, puestos a tener alucinaciones, soñarán con rehacer deportivamente el Imperio Austro Húngaro. No faltarán visionarios que quieran selecciones europeas, ahora que Europa va a tener su constitución y todo. Manías de grandeza, seguro. Artur Mas es mucho más modesto. Artur Mas es más realista. Artur Mas no quiere que le llamen megalómano ni visionario desde la Brunete mediática . Y Artur Mas, sobre todo, quiere hacer las cosas en su propia dimensión. Así que nada de afanes imperiales ni pactos supranacionales. La solución es Andorra. Descubrió la alianza con Andorra. Propone que Cataluña participe en los Juegos Olímpicos bajo bandera andorrana y con una selección conjunta con en Principat. No se crean ustedes que le ha resultado fácil llegar a esa conclusión. Antes, tuvo que desechar otras posibilidades, igualmente tentadoras. Habrá pensado en una selección de los Paisos Cataláns, pero esa idea ya se la había pisado Maragall con su propuesta de rehabilitar la Corona de Aragón. Se le habrá ocurrido crear una selección libre, asociada a las selecciones de España; pero, mecachis, le podrían decir que estaba copiando el Plan Ibarretxe. Es difícil ser original en este tiempo nacionalista. Casi todos los proyectos están ya cogidos. La solución es Andorra. Más vale ser cabeza de ratón que cola de león. Andorra ofrece la posibilidad soñada: no andar por el mundo bajo bandera de España. Y Andorra, además, está en la ONU, cosa que los nacionalistas no han conseguido con Cataluña, ni poniendo en los carteles «Freedom for Catalonia». Pero Andorra ofrece una ventaja que nadie puede ofrecer: es pequeña. Lo pequeño es bello. Y, políticamente, es indiscutible: hay que hacer selecciones adecuadas al tamaño físico de Pujol.