Trillo

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

15 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL MINISTRO Trillo parece desasosegado y no le faltan motivos. Mantener la coherencia en lo de Irak no es fácil, viéndose obligado a difíciles artificios, lo que sin duda tensiona. Buen conocedor de Shakespeare, nos introduce en la duda hamletiana respecto de lo que allí está ocurriendo con nuestras tropas. Si un grupo islamista reivindica el asesinato del espía Bernal, el ministro se apresura a poner en duda la fiabilidad del mensaje y hasta la existencia de la propia organización que se lo atribuyó. Y si nuestras tropas sufren un ataque mientras inspeccionaban un vehículo que al parecer contenía granadas y fusiles Kalashnikov, el Ministro vuelve a dudar de que se trate de una acción de la resistencia iraquí, creyéndola más bien obra de simples ladrones de coches. Ojalá tenga razón Federico Trillo, porque eso resultaría tranquilizador. Pero de nada valdrán tales artificios si lo que se pretende es convencernos de que nuestro Ejército está allí en misiones simplemente humanitarias. Ojalá, de nuevo, que fuese realmente así.