El equipo de Bush se divide

OPINIÓN

14 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

AHORA SÍ. Ahora que le vienen malas cartas en la partida (véanse las encuestas adversas), la Administración de Bush se divide y los enfrentamientos, antes sofocados, trascienden. Por un lado, están los halcones comandados por el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld (y también, de un modo menos visible, por el vicepresidente Dick Cheney), que quieren mantener el control de la posguerra iraquí, sin someterse a una ONU que consideran un estorbo. Su ideario es claramente imperial y, de conformidad con el mismo, EE.?UU. debe intensificar su diplomacia de relaciones bilaterales y olvidarse de los organismos donde su voz es sólo un voto más, a veces no superior al de Libia o Bolivia. Ni la ONU, ni el Consejo de Seguridad, ni la OMC (Organización Mundial de Comercio) tienen nada que ofrecer que no pueda mejorarse lejos de estos foros, en los que todos sueñan con unirse contra el coloso americano. Enfrente de estos halcones están los moderados que lidera Colin Powell, el Eisenhower negro . Saben que la posguerra sigue, cada vez más envenenada, y que la filosofía del unilateralismo sin concesiones se tambalea. Hay que reunir dinero para financiar la reconstrucción de Irak (un magnífico negocio si se dan las condiciones para hacerla), pero los donantes no aparecen por ningún lado. No son partidarios de plegarse a la ONU, pero sí de contar con ella y, a su modo, potenciarla dándole un papel «vital». En realidad, no van más allá de exigir el reconocimiento de lo que son, la única superpotencia en vigor, y buscan un entendimiento sobre todo con Europa (también con la «vieja Europa» que tanto denuestan Rumsfeld y sus amigos Wolfowitz y Kagan). Para arreglar el problema, a Bush no se le ha ocurrido otra cosa que nombrar a su asesora Condoleezza Rice máxima responsable de la reconstrucción y, en cierto modo, de la posguerra. Mal asunto. Con ello, la brecha interna no ha hecho más que aumentar. Y es que Bush tiene que elegir entre su soñada ruta imperial o el viejo camino de la negociación y el pacto, por engorroso que sea. Las encuestas le indican que debe resolver pronto y con determinación. Su barco ha empezado a escorarse peligrosamente.