Turquía entra en Irán

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

LA DECISIÓN del Gobierno turco, el martes pasado, de enviar 10.000 soldados -mañana pueden ser veinte- para pacificar Irak, tiene unas implicaciones de enorme valor estratégico. En primer lugar, se trata de una gran nación vecina por el norte que comparte el problema kurdo con Irak, Irán y Siria. Pero no es el primer país islámico que apoya a los norteamericanos; lo han estado haciendo desde el principio de la guerra Kuwait y Jordania. En segundo lugar, Turquía es miembro activo de la OTAN y está pidiendo su incorporación a la Unión Europea, lo que significa que quieren estar con los occidentales. Tercero, Turquía dispone de una población de casi 70 millones de habitantes, con un ejército de cerca de un millón de soldados y una posición geopolítica pivote entre Oriente y Occidente que le convierte en actor principal de la zona que abarca el Cáucaso y Oriente Próximo, con el petróleo, los oleoductos, puertos, etcétera. La entrada de las tropas turcas en Irak es un movimiento estratégico de gran relevancia porque, primero, el apoyo final de esta nación a la situación en Irak, después de haberse negado a intervenir hace unos meses, supone un cambio, y segundo, es la oportunidad para que Turquía pueda ejercer el rol de potencia hegemónica en la región que necesita de más estabilidad en el mundo. Hay que reconocer el cambio dado por el Parlamento turco que ha aprobado la intervención en Irak propuesta por el Gobierno, con 358 votos a favor y 183 en contra. Pero esta decisión no ha sido bien acogida por el Consejo de Gobierno de Irak, ni por los kurdos, pues ambos saben de sobra como se las gastan los otomanos. Ahora está por ver si las tropas turcas en el sector que ocupen van de pacificadores o de dominadores.